Debería poner "Flash back" y "Fin flash back" :v pero ya saben que los párrafos en cursiva pertenecen al pasado(?) Viva el Ryutaro x All! 
El tiempo iba en su contra, en ese momento estaba poniéndose  las zapatillas de manera torpe, casi tropezando por ello. Se llevó un gran susto al salir de casa, pues un chico con un bolso a cuestas parecía intentar meter el periódico en el buzón.

Se analizaron confusos por unos segundos, pues Ryutaro no dejaba de mirar aquel lunar bajo su ojo, reparando luego en lo que el chico sostenía en la mano.

-Lo siento –sonrió, avergonzado por estropear su labor y estiró una mano hasta tomar el montón de papel- Gracias. –se inclinó y el otro se puso de pie para hacer lo mismo.

Aunque sus miradas se encontraron tan solo por un par de segundos, aquello había sido agradable y cálido para el desconocido. El chico qué llevaba prisa terminó cerrando la puerta rápidamente antes de bajar las escaleras.

-¡Ryutaro! –Inoo salió de su bloque al escucharle salir, viendo ya al nombrado tomar su bicicleta- ¡¿Ya desayunaste?! –preguntó cargándose en la baranda al mirar hacia abajo.

-¡No hay tiempo! –gritó antes de subir a su bicicleta, mirando al pelinegro al avanzar y despidiéndose con la mano en alto. Sin poder evitar también mirar al desconocido que ahora bajaba la escalera, con el cual volvió a cruzar miradas antes de prestarle atención al camino.

-Cielos, ¿cuándo será que despierte temprano? –se quejó repentinamente Inoo, pero antes de regresar a su departamento miró hacia abajo y se fijó en que el repartidor del periódico miraba en la dirección que su vecino había tomado, algo que comenzó  a incomodarle.
...




Sus ojos se abrieron con pesadez, dando una lujosa vista a quién tenía a su lado, haciéndole sonreír un poco. Acomodó su cuerpo de lado, usando su propio brazo como almohada.  Corrió aquel flequillo ajeno para ver a la perfección como el pequeño lunar lucía tan sexy bajo aquel ojo. Como deseaba que despertara para ver esas mejillas sonrojadas y que la mirada avergonzada fuese dirigida a su persona.

Fue bajando la vista por esos bien formados brazos, viendo aquel botón rosa y sin poder contenerse pasó un dedo sobre este, contemplando cómo se erguía. Intentó ignorarle para seguir bajando y remover aquella sábana que escondía lo que tanto deseaba ver. La tomó y suavemente fue descubriendo aquel cuerpo, dejándolo completamente desnudo.

-Uhm… —su compañero de cama se removió comenzando abrir lentamente los ojos, notando inmediatamente cómo Morimoto tenía su mirada clavada en él y en dónde exactamente lo estaba mirando. Se sonrojó al sentir la ausencia de la tela con la que se
cubrió antes de caer dormido. Bajó sus manos en un movimiento rápido, pero Morimoto lo fue más, atrapándolas antes de ganarse sobre él. No hicieron falta palabras porque tampoco le fue permitido emitirlas, comenzando a corresponder esos besos que se sentían cada vez más ardientes. Sus manos presas a cada lado de su cabeza no le permitían siquiera abrazar el cuerpo de Morimoto, y aunque este se cargaba en sus rodillas y solo su espalda estuviese encorvada mientras le besaba, era como si sus pieles se rozaran por completo, sintiendo pronto el calor invadir su cuerpo y removerse, jadeando entre beso cuando su lengua se topó con la de Ryutaro. Parecía que Ryutaro sabía cómo manejarlo.

-Qué suerte que tengas el día libre –susurró el menor antes de alejarse, no sin antes besarle por última vez- ¿Qué quieres para comer, Keito? –el nombrado jadeó en forma de protesta, respirando agitado mientras miraba el cielo raso de la habitación.

-Lo que tengas.

Ryutaro no esperó otra respuesta y caminó para salir de la habitación.

Okamoto levantó la vista y lo que vio pudo excitarle mucho más. Su propia esencia comenzaba a escurrir entre las piernas del menor, que al darse cuenta se dirigió al baño.
No podía dejarlo así, y pensarlo dos veces ya iba tras él, comportándose como pocas veces lo hacía. Tomándole de la muñeca para hacerle girar y atrapar sus labios mientras lo hacía retroceder dentro de la ducha.

Debía aprovechar su día libre.


A la mañana siguiente Inoo ya interrumpía el hogar de Ryutaro. Esta vez no se tomó el trabajo de ir a despertarlo, había escuchado los gemidos de su vecino durante todo el maldito día anterior por lo mismo no se molestó en visitarle, por lo menos no hasta asegurarse que estaba solo. Lo normal sería encontrarse con un desorden, pero a través de Ryutaro conocía un poco al repartidor del periódico, Keito. Desde un principio supo que él sería un dolor en el trasero.

-Creí que hoy no vendrías -no se molestó en voltear a mirar al menor. Suponía que solo vestía un bóxer, probablemente nada.

-Me siento en la obligación de hacerlo ya que no sabes cuidar de ti mismo -cada mañana que le visitaba y llevaba el desayuno, recordaba cómo fue que se conocieron.

-No te pedí que lo hicieras, así que deja de sentirte obligado -portando un pantalón, para alivio de Inoo, se apoyó en el mesón de la cocina y tomó unos palillos comenzando a comer.

Sabía que Inoo no podía controlar los celos, pues tenían muchas confrontaciones cada que Ryutaro llevaba a alguien distinto para placer sexual. Fue cruel, hasta pensó que nada volvería a ocurrir entre ellos, pero Kei cambió. Era un alivio para él que ahora no hiciera berrinche, pero debía aguantar sus secas palabras.

Mientras Ryutaro disfrutaba del desayuno, Kei no lograba dejar de mirar las miles de marcas en su espalda. Maldito sea el repartidor.

-Toma un baño antes de irte. Apestas —fueron las últimas palabra de Inoo antes de alejarse.

Morimoto suspiró.

-Gracias por la co... —su puerta siendo azotada al cerrarse le obligó a cerrar los ojos en un acto de  reflejo- ...comida.

Había sido una maldita mañana para Inoo. No, en realidad había comenzado el día anterior. Su masoquismo fue tanto que ni siquiera se molestó en salir y les escuchó hasta entrada la noche, hora en que el repartidor tuvo que irse.

...

Maldito transporte público. Ryutaro en verdad lo maldijo cuando las puertas del metro comenzaron a cerrarse, y no tuvo de otra más que correr con todas sus fuerzas para lograr entrar. También lo maldijo cuando en la siguiente estación fue empujado por la masa de gente que entró. En verdad le hacía falta un auto.



Mientras contenía la respiración para no sentir el hedor humano miró a los alrededores. Observó lo que su altura le permitía ver, y se fijó en alguien que mordía su labio con nerviosismo. Bajó la mirada a esos pequeños hombros, se veían tensos y apretados por la multitud. Era una cuerpo tan bajito que parecía perderse entre las personas altas que le rodeaban. Entre más lo observaba más se obsesionaba hasta que le notó demasiado nervioso, fue extraño, entonces miró su alrededor notando un hombre mayor, entonces por tercera vez maldijo el transporte público.



-Lo siento  —Ryutaro comenzó a disculparse mientras avanzaba. Le costó llegar, pero ya frente a ambos pisó el pie del hombre mayor, escuchando enseguida un quejido-. Oh, lo siento mucho -Intentó ser disimulado cuando levantó una mano y golpeó con fuerza su nariz. Todos se quejaron, miraron cuando el hombre buscó de qué sostenerse debido al mareo. Ryutaro aprovechó el momento para tomar la muñeca del chico bajito, huyendo del lugar mientras jalaba con fuerza. El chico no se resistió.

Entre disculpas Ryutaro halló un lugar apegado a una de las puertas, donde resguardó al más bajo, usando su propia mano para no aplastarlo. Entonces un aroma agradable llegó a su nariz, era dulce.

-¿En dónde bajas? —miraba el paisaje a través de la ventana. No se molestó en mirar al bajito, ni saber quién era.

-E-En cinco estaciones más —susurró.

-Ok —no hizo  más preguntas.

Por lo menos bajaban en la misma estación.

En el transcurso del trayecto el desconocido alzó la vista, lo había intentado varias veces pero sentía sus mejillas tan acaloradas que imaginar que le miraban le ponía más nervioso. La curiosidad fue tanta que cuando logró alzar la mirada se sorprendió por lo joven que se veía la persona que le salvó.

Sus labios se movieron queriendo agradecer en el instante que Ryutaro bajó la vista, y por muy poco que duró el cruce de sus miradas, el chico supo que no podría olvidar ese rostro.

El revoltijo en su estómago no desaparecía porque seguía sintiendo la mirada del más alto. Para él existían dos clases de hombres atractivos, los modelos y los empresarios adinerados, pero nunca un tipo tan común y corriente como el que le había salvado.

-Hora de bajar —escuchar su voz alteró su corazón. Se dio cuenta de las palpitaciones cuando le tomó la mano.

Antes había tomado su muñeca, por lo que no entendió por qué ahora le sujetaba la mano, pero no pensó mucho en ello cuando ya estaban fuera del metro.

- Bien -su cuerpo se tensó y fijó su mirada en las zapatillas del sujeto- Espero que ahora estés bien -Ryutaro sacudió su camiseta debido al calor de la temporada- Y no tengas miedo – Agregó en tono suave para que nadie alrededor lo escuchara- Para la próxima sólo golpea y huye -esperaba que con eso aprendiera.

-No es tan sencillo.

La respuesta le sorprendió. Ryutaro esperaba algo más pero solo escuchó la voz de la señorita anunciando la llegada del siguiente metro.

-El miedo no se irá si no lo intentas —a continuación anunciaron la hora- Mierda, llegaré tarde -queriendo que el bajito tomará confianza pellizcó una de sus mejillas, las notaba muy poco ya que intentaban esconderlas la gorra y capucha que portaba el bajito, junto al cubre boca. El chico reaccionó sorprendido-. Sé valiente y golpea -se fue alejando- y no te olvides de huir.

Para el bajito eso no tenía sentido, ser valiente y luego huir. ¿Quién demonios daba un consejo tan idiota como ése? Al verle marcharse y desaparecer seguía preguntándose lo mismo, con una expresión de duda que ocultaba bajo el cubre boca.

Habían transcurrido tan solo unos días desde aquel incidente. Al quinto día, justo en el momento en que entraba al metro, oyó unos gritos seguidos por unas voces repletas de asombro. Para cuando miró, notó un cuerpo bajito y agitado golpeando a alguien en el suelo. Entonces supo de quien se trataba.

Actuó rápido. Tomó al bajito, lo separó a forcejeo del hombre en el suelo y, entre protestas y uno que otro rasguño, se fueron alejando a través de los vagones del metro.

-¡Ya suéltame! —no quiso ser brusco ni llamar la atención, así que haciendo un esfuerzo por controlarse empujó  al bajito justo contra la pared del metro.

-Contrólate —el chico, ya un poco calmado, se sobó la muñeca y pudo notar al instante los rasguños en la mano ajena-. claramente no entendiste la parte en que debías huir. Si un policía te atrapa no justificará tu agresión. -En ese instante notó la tensión en el bajito. Supuso que era por lo que acababa de decir-. Prepárate mientras te calmas, porque en la siguiente estación nos bajamos.

-¿Por qué? —su voz apagada alteró solo un poco a Ryutaro.

-Porque lo primero que harán las viejas metiches, será buscar un guardia y apuntarte con el dedo apenas te vean.

-No han hecho eso antes —su confesión hizo que Ryutaro se preguntara cuántas veces se había encontrado en la misma situación.

-No correré el riesgo. Conozco un bus que podemos tomar para llegar.

Ése día corrieron. Ryutaro había tenido razón, un guardia los persiguió hasta la salida de la estación y solo porque las escaleras lo habían dejado sin aliento, incluso a él también le faltaba el aire pero Ryutaro no soltó su mano en ningún momento y solo por ello continuó. Tomaron el autobús y aunque demoraron el doble de tiempo en llegar ya no había nadie buscándoles.

Ryutaro no preguntó adónde se dirigía, solo se separaron con un adiós.


-Yamada —Ryutaro volteó a mirarle. Con tanta cosa que usaba no podía distinguir su rostro. Supuso que ese era su nombre.

Le sonrió de vuelta.

- Ryutaro -se marchó después de eso porque iba muy atrasado.


Ryutaro recordaba al bajito cada que usaba el metro, pero no le volvió a ver más.

-No te alteres,  ya voy entrando —con el celular pegado a su oreja Ryutaro miró el edificio mientras entraba. Su trabajo armando escenarios era pesado, pero por lo menos le pagaban bien. La voz al otro lado del celular volvió a quejarse- te dije que ya entré -con molestia entró al ascensor sin darle importancia a las dos personas dentro cuando comenzó a insultar a su jefe, a quien vio cuando llegó al tercer piso.

-Llevas quince minutos atrasado —el hombre se veía de unos 30 años, tal vez un poco más.

-Sabes que el maldito transporte público es una mierda -Ryutaro caminó con rapidez. Varias cosas estaban listas, así que supuso que su jefe las había arreglado.

-El mudarte es la solución.

-Sabes que la renta es más alta en el centro de la ciudad —la conversación continuó mientras terminaba el trabajo.

Las quejas quedaron atrás al llegar parte del staff. Rara vez ayudaban a montar escenarios para fotografías. Ryutaro prefería las de grabación, pagaban más.

No estuvo pendiente de lo que siguió después. Tomó su descanso escondido tras unos paneles, masajeando sus hombros. Pocos pasaban por ahí debido a la oscuridad pero pudo notar a alguien de pie muy cerca, lo curioso fue que esta persona no dejaba de mirarle.

-Estás muy distraído hoy —No le gustaba escuchar conversaciones ajenas, así que intentó no prestar atención, y mientras continuaba con su relajación el chico que antes le miraba no tuvo de otra que apartar la mirada de su cuerpo- Yamada, no olvides que luego será la entrevista.

Aquel nombre llamó la atención de Ryutaro, pero no lo suficiente como para que intentara cerciorarse  de que se trataba de la misma persona.

-¡Ryutaro! —su jefe apareció junto a las dos personas que interrumpieron su descanso- Hora de guardar -se levantó y cuando pasó junto al modelo y tal vez su representante, se dio cuenta de esas familiares mejillas sonrojadas y luego de esa mirada penetrante que no le abandonó sino hasta que su jefe le interrumpió debido al repentino agarre en su hombro.

-Ryosuke, ¿lo conoces? —el nombrado no tuvo la necesidad de mirar a su manager para responder, pues sus ojos estaban fijos en aquellos brazos trabajados.

-Tal vez —sus labios se curvaron luego de que su lengua los saboreara.
...

Exhausto tiró las llaves al mesón y se fue directo a la cama mientras se quitaba la apestosa camiseta. Ya era entrada la noche y aunque había terminado antes el trabajo, sentía que no era suficiente para descansar y estar lleno de energía para el día siguiente.

Una vibración en el bolsillo izquierdo del pantalón lo obligó a moverse. Esperaba que no fuese su jefe. Al abrirlo dos mensajes se anunciaban al centro de la pantalla, justamente uno era de su jefe anunciando en donde trabajaría  mañana. No tardó en cerrarlo y abrir el otro.

"Ryu Chan!! Me mudaré otra vez. Te espero en xxxxx."

El mensaje terminaba con una imagen insinuante como un pezón húmedo junto a un dedo. Supuso que era saliva, lo cual le hizo reír. Revisó la hora. El mensaje había sido enviado hace más de cinco horas y si se hubiese dado el tiempo de revisarlo antes se hubiera ahorrado todo el viaje a su casa..

Corrió por ropa limpia, echándola desordenada dentro de su bolso y tomando cualquier camiseta al alcance junto a una chaqueta. Tomó las llaves del departamento y entre  maldiciones se puso las zapatillas sin ponerse aún la camiseta.

-¿A dónde vas? —escuchar el tono molesto con el que Inoo le habló le dejó claro que aún estaba molesto. Ya estaba fuera.

-Regreso mañana... tal vez —luego de cerrar y poner seguro a la puerta miró a su vecino. En la posición en la que estaba le dio a entender que acababa de llegar, lo curioso era que no estaba solo. Un tipo bajito estaba tras él mirándole silenciosamente. No le tomó mucha importancia cuando volvió a escuchar a Inoo.

-¿Dónde te quedarás? —Inoo se acercó preocupado, pero Ryutaro le evitó rápido. Se puso la camiseta y se alejó a paso acelerado, bajando la escalera.

-Nos vemos —se despidió alzando la mano.

-¡Ryutaro! —no volvió a verle el rostro. Su comportamiento sólo indicaba que iría a acostarse con alguien- Maldición -susurró.

-¿Familiar? —volteó a mirar a su acompañante.

-No, no. Solo un amigo —el chico asintió mostrando poco interés, lo que hizo sonreír a Inoo- Vamos Daiki, quiero terminar ese reporte lo más pronto posible.


2 comentarios:

Nuevec Muggle dijo...

Mamá mia esta que me chupi los ojos, ok no.

Pero la verdad si me acelero el vendito corazón, publica mas pleace

Natarashi dijo...

Ese Ryutaro es todo un loquillo me pregunto quién le envió el mensaje, ame su encuentro con Keito

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