Holaaaaa~ -0- puse tooooooodo mi esfuerzo por escribir este capitulo porque ganas de hacerlo no tenia, pero la Mymi estaba no sé que por leer algo mio. Saludos a todos y espero que les guste X'D.
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Los dos se miraban sorprendidos. Cuando por fin creían haberse olvidado el uno del otro el destino los vuelve a juntar de esta manera. Daiki sentía tremendas ganas de lanzarse sobre él y golpearlo para que supiera cuánto daño le habían hecho sus acciones y palabras.
Los dos sin darse cuenta eran arrastrados por el tío del mayor a otro salón donde en había un piano y tendrían mas privacidad.
- Bueno, los dejo. Inoo instruye bien a chico y ten paciencia – dijo su tío antes de salir del salón para volver con la chica.
Daiki no quiso darle más vueltas al asunto, dio un paso al frente, el mayor pensó que se le acercaría con el fin de darle un golpeo pero no fue así. Pasó por su lado dirigiéndose al piano que se encontraba a escasos pasos de ellos tomando asiento.
- ¿No piensa comenzar con la clase? - Kei lo miraba expectante por sus reacciones y en circunstancias como esta era lo que menos se esperaba de él.
Con inquietud se acercó y tomó asiento a su lado. Daiki sacó unas partituras que tenía en una carpeta y las dejó en el atril.
- Esa partitura no es tan simple - sin olvidar a quien tenía a un lado no quitó la vista de las notas musicales que se veían complejas en el pentagrama, claro que para él no lo era, llevaba años tocando piano y leyendo partituras pero aseguraba que el menor no, pues cuando lo conoció nunca hablaron de eso.
- Su tío dijo que debía practicarla y como no tengo manera de hacerlo en casa vengo aquí - lo trató como un completo desconocido y con respeto, con un respeto que no merecía, pero no era un buen lugar para hacer un escándalo.
- Ah... - solo observó al menor como se concentraba para tocar. Miró sus manos, sus dedos estaban temblorosos y sus mejillas sonrojadas. Nervioso con su presencia quizás - Daiki - llamó su atención pero no tenía nada que decirle, simplemente ese nombre salió de sus labios sin siquiera pensarlo. ¿Hace cuánto no se veían? Sonrió sin darse cuenta causándole un sonrojo - esta partitura es muy difícil, ¿cuánto tiempo llevas en esto?
- Seis meses
- Seis meses no es suficiente para tocar esta partitura - se burló de él y se molestó pero no le daría tregua, no valía la pena hacerlo.
- Entonces enséñeme algo - dijo con molestia, se le hacía mejor hacerlo enfadar, volverlo a humillar así no se volverían a ver - si no tiene nada que enseñarme entonces déjeme practicar esta.
Tocó lento y pausado. En sí la partitura era difícil pero había que reconocer que le ponía empeño. Una melodía que no valía la pena escuchar, no tenía el ritmo requerido, innumerables fallas y muy lento. Eso era algo normal en todo principiante pero a él no le gustaba. Aburrido de escucharlo tomó las hojas lanzándolas al aire.
- Eso es basura, no es necesaria. No estés tenso, debes tocar con fluidez y relájate mientras lo hagas. No le tomes atención a lo que está a tu alrededor, solo concéntrate en darle vida a la melodía - sus dedos comenzaron a moverse sobre las teclas, enseñándole así una melodía que él ahora debía tocar.
Tomó sus manos notándolas aun temblorosas y las posicionó sobre las teclas.
- Muévelas conmigo - le dijo antes de comenzar a tocar - relájate.
Embonado lo miraba como sus ojos estaban concentrados en lo que debía seguir. La primera vez que vio a Daiki le pareció un chico lindo, nunca tuvo planes de besarlo esa tarde, pero como negarse a esos labios tan deseosos y esos ojos que le pedían que no dejara de mirarlo. Como negarse a esa piel tan suave, a ese cuerpo delgado y frágil pero había cambiado, ahora sus labios se veían aun más sabrosos y esa piel que exponía al tener unos botones de la camisa desabrochados, tan blanca, tan...
- Profesor - lo interrumpió el menor al darse cuenta en la forma que lo miraba - ¿sucede algo?
- No - respondió no tan seguro - escribiré una partitura para que la practiques - se puso de pie y salió del salón.
- Maldición - susurró el menor después de que Inoo dejara el lugar – ¿por qué tenía que volver a verte? - sostuvo su cabeza con sus manos un buen rato mientras esperaba a que llegase. Respiró profundamente tratando de despejar su mente y dejar salir esa frustración que se había acumulado en su pecho al verlo.
Le dolía el pecho, le dolía de la misma forma que aquel día. Los recuerdos volvían a su mente, recuerdos que pensó haber olvidado.
Inoo no sabía qué hacer, estaba seguro que no sentía nada por él más que deseo por tocarlo. Después de unos minutos volvió al salón con unas hojas encontrándoselo practicando parte de la melodía. Daiki prefirió no tomarle atención y siguió con lo suyo.
- ¿Por qué no dejas ésta escuela? - le sugirió el mayor - yo podría enseñarte piano y no tendrías que darme dinero por eso - todo lo decía con una sonrisa.
- ¿Por qué querría aceptar eso?
- Porque sé que es muy costosa - dijo acercándose - en mi departamento tengo un piano, podrías practicar todos los días si quieres y te instruiría muy bien - no era mala idea, pero no todo era tan fácil, algún precio tendría que dar.
- Pero no todo es gratis ¿verdad? ¿Qué pides a cambio?
El mayor se le acercó aun más y rápidamente lo besó para así no recibir ninguna protesta. Daiki se congeló y solo abrió los ojos. No quería separarse. Maldecía al menor por tener unos labios tan deseables como para no querer separarse de ellos. Lo sostuvo de la nuca aunque recibía fuertes golpes en el pecho. Se preguntaba cómo era que no sentía lo mismo cuando besaba a su novia, o a esas incontables chicas con las cuales pasaba el rato cada que se iba de fiesta. Lo dejó cuando sintió que el aire le hacía falta y lo miró a los ojos.
- Solo pido esto - susurró sobre sus labios.
Molesto se puso de pie empujándolo por los hombros, quitándole el equilibrio. Tomó sus cosas y salió corriendo de ahí dejando al mayor con una amplia sonrisa en los labios y lamiéndolos aun sintiendo esa suave sensación al besarlo.
Ambas chicas con las que había tropezado horas antes se le acercaron para reclamarle y causarle problemas, pero iba tan molesto, con la sangre hirviéndole por dentro y los puños apretados, que se abrió paso entre ellas tirando a ambas al piso sin importarle si se habían hecho daño.
Sin alumno a quien enseñarle, Kei se fue a su departamento para tomar un relajante baño, ver televisión e irse a dormir.
Daiki meditó una y otra vez la propuesta del mayor. Al principio le pareció algo sumamente estúpido ya que se sintió humillado pero ahora que lo pensaba bien no le era mala idea, pero tampoco buena. Ya lo había humillado una vez y al parecer ahora quería hacerlo otra vez. Escondió la cabeza bajo la almohada pensado y pensando.
- ¡Claro! - dijo levantando la cabeza. Buscó su celular dentro de su bolso que se encontraba tirado en el piso. Al hallarlo buscó un número en su agenda y marcó.
'¿Keito?'
'¿recuerdas al chico del que te hablé una vez?'
Y se quedó hablando por lo menos media hora con su amigo.
Eran las 11pm y su celular interrumpió su sueño. Con pesadez estiró el brazo para alcanzarlo sobre el velador a su izquierda.
'¿Si?'
'¿Inoo?' Esa voz le era tan familiar.
'Si, con el' Se acomodó sobre el respaldo de la cama y miró por la ventana.
'sobre la propuesta de esta tarde... acepto' Estaba nervioso pero mientras hablaba tenía en una de sus manos un peluche con forma de tortuga (regalo de su hermano) estrangulándolo para calmarse.
'¿Arioka?' Tres segundos de silencio y continuó 'no sabía que aun conservaras mi número' Sonrió al imaginar qué tipo de expresión tendría el otro.
'eso no tiene importancia. Y bien, ¿aun está en pie lo de esta tarde?'
'claro, ¿tienes dónde anotar la dirección?'
Luego de anotar su dirección dio un cortante 'hasta mañana' y colgó dejando a Kei con las palabras en la boca.
Esa noche ninguno de los dos pudo conciliar bien el sueño. Daiki se durmió en la mayoría de las clases sufriendo de los llamados de atención de cada profesor y tener que ayudar a uno de ellos a llevar las guías.
Por fin el día de clases terminó y pudo estirar sus piernas y relajarse. Guardó sus cosas y caminó tranquilamente hasta la salida de la escuela. Miraba a uno que otro chico correr, otros aun sin poder irse por los talleres de la tarde. Agradecía poder librarse de aquellos obligatorios talleres. Pasó por fuera de los baños cuando alguien lo haló del brazo, ingresando a los baños.
- ¿Ryosuke? - miraba la sonrisa traviesa del menor.
- ¿te vas? - soltó su mano para abrazarlo del cuello.
- S–si, tengo que hacer algunas... - se sonrojó al sentir la respiración del menor tan cerca.
Rozaron sus labios y se besaron lentamente, acostumbrándose a esa extraña sensación que sentían cada que lo hacían. Daiki lo acercó a su cuerpo al abrazarlo de la cintura. Hace dos meses habían comenzado salir, Ryosuke era muy atento y cariñoso, aun le costaba acostumbrarse a la cercanía que a veces tenían.
Se besaron con tanta pasión, sumidos en lo que hacían y sentían que no escucharon la puerta abrirse.
- Daiki - se separaron asustados, pero por suerte solo era su amigo. Los dos sonrojados se miraron de reojo.
- Bueno, debo volver, nos vemos más tarde - dijo Ryosuke y salió de los baños.
- Deberías tener más cuidado, ¿qué tal si no hubiera sido yo el que entrase? - le reprochó su amigo - ¿ya te vas?
- sí, debo irme ahora o se me hará tarde.
Ambos se miraron con complicidad. Keito sin evitar sonreír al igual que Daiki. Se despidieron y el mayor se encaminó hasta la parada del autobús.
El beso se intensificaba cada vez más subiéndoles la temperatura, sobre todo al pelinegro que introdujo sus manos bajo la polera de la chica. Se asustó y se separó de él tan rápido como pudo.
- Inoo ya hablamos de esto - le dijo poniéndose de pie para caminar hasta su bolso que se encontraba en el otro sofá. El mayor no dijo nada limitándose a solo mirarla - ¿nos vemos mañana?
- Claro - con esfuerzo le sonrió y se puso de pie para acompañarla hasta la puerta.
Se despidieron con un beso y un 'te amo' que estaba más que claro que Inoo no sentía. Las cosas que él deseaba no funcionaban con ella, siempre se rehusaba a llegar más allá, pero tenía que conseguirla, tenía que hacerla suya. Aun de pie apoyado en el marco de la puerta la observó dirigirse hasta el ascensor. Al abrirse las puertas se sorprendió al ver a Daiki salir de ahí.
Cruzaron miradas pero ninguno sabiendo quien era el otro, no tomándole importancia a ese encuentro.
Buscó el número 805 en las puertas hasta dar con él. Su corazón se aceleró un poco al verlo de pie mientras lo miraba pensando que lo estaba esperando. Se le acercó. El mayor se hizo a un lado para que entrase.
- ¿Te costo llegar? - dijo cerrando la puerta.
- No - observaba cada una de las cosas que tenía en el departamento. Estaba boquiabierto al ver lo amplio que era, de seguro muy costoso como para tener uno el también.
Dejando su bolso en el sofá se acercó aun mas al gran ventanal que había con vista a la cuidad dejándolo embobado.
Estaba inundándose en su asombro pensando en la suerte que tenía Inoo al tener una familia que pagaba todos sus caprichos. Esperaba algún día tener un departamento como aquel y llenarse de lujos como lo hacia el mayor.
No sé percató de la presencia a sus espaldas hasta sentir unas manos adentrarse por debajo de su camisa, tocando su abdomen y suaves labios besar su cuello. Se sobresaltó aunque le había gustado se giró quedando muy cerca su rostro de aquel que ahora lo tenía preso entre la baranda del balcón.
Se miraban fijamente mientras el viento removía sus cabellos. Aun pensaba que todo aquello era una estupidez, que no debió dejar la escuela de música para que un insensible le enseñase piano. Era irónico que un tipo así le quisiese enseñar sentimientos en las notas cuando él siquiera los tenía al ser tan cruel.
Lo vio acercarse una vez más pero con dos dedos depositados en sus labios lo alejó.
- Primero las clases - le dijo con el seño fruncido y se zafó de su abrazo dirigiéndose al piano.
Maldecía por sus adentros, su novia lo había dejado con las ganas (como siempre) y Daiki no estaba dispuesto a apagar ese fuego en su interior, no sin antes darle clases. Lo único que le quedaba era esperar el pasar de las horas.
- ¿Qué me enseñaras primero? - se detuvo al frente de él mirándolo acariciar las teclas con pasión. Algo había cambiado, este Daiki no era el mismo del día anterior y el que una vez conoció. Su actitud era más sería y ya no se veía para nada nervioso, los dedos no le temblaban y parecía respirar normal.
Bueno, si se comportaba así sería lo mejor para él, le beneficiaría mucho pues podría jugar con él cuantas veces quisiera, pero aun así no dejaba de pensar si Daiki aun sentía un cariño especial y único, el mismo cariño que le dio aquel día.
Se dirigió a un pequeño baúl y sacó varias hojas, algunas amarillas por el pasar de los años.
Lo miró fijándose en su espalda, no podía asegurar si había dejado de quererlo pero sí que intentaba por todos los medios de no caer una vez más en su encanto. Había tantas hojas en sus manos que por curiosidad se le acercó y tomó una de ellas.
- Quiero escucharte tocar esta - Kei miró la partitura y se la arrebató.
- Todo tiene un precio - sonrió para sus adentros, se divertía mucho con él y con cada expresión que hacía.
- Entonces olvídalo - molesto le quitó la hoja y la dejó en el baúl - ya enséñame algo que para eso vine - con pesadez volvió al banquillo pero antes que tomara asiento unas manos en sus caderas lo detuvieron y empujado un poco hacia adelante - pero qué...
Ahora estaba sentado sobre las piernas del pelinegro que lo abrazaba de la cintura apegándolo más a su cuerpo. Trató de pararse pero no se le fue permitido. Su corazón ya acelerado, sus manos una vez más temblorosas las escondió entre sus piernas observando como Kei depositaba las hojas en el atril, las mismas que antes él había tenido entre sus manos y le había pedido que tocara.
- Tocare esto para ti - comenzó a tocar. Le parecía algo tan hermoso, la melodía, sus dedos al moverse sobre las teclas. Con la calma que tocaba y sintiendo su respiración tan cerca de su cuello. Podría ser un momento relajante si no fuera porque estaba incomodo sentado sobre sus piernas y escuchar esos suspiros en su oído no ayudaba mucho.
De un momento a otro cerró los ojos al sentir unos suaves labios deslizarse por su piel, Kei aun seguía tocando pero su boca no hacía otra cosa que besarle el cuello. Ya desconcentrado en lo que tocaba acercó lentamente las manos al abdomen del menor, introduciéndolas bajo su camisa y acariciar esa piel, una tan suave que no recordaba haber tocado nunca antes.
Perdido en sus caricias volteó un poco para tomar sus labios. Le encantaban sus labios, le hacían olvidar todo incluso al novio que en esos momentos estaba engañando, se consideraba la peor persona del mundo pero toda la culpa se la echaba a Inoo Kei, el que le rompió el corazón y lo hizo ser más frío.
'Mmmm Daiki no lo sé, no es muy buena idea, pero sé que aunque te diga que no lo hagas terminaras haciéndolo, solo te aconsejo que no te dejes llevar, puedes salir muy lastimado incluso más que en el pasado y eso ya será tu culpa. Si quieres juega con él pero no dejes que entre más hondo en ti, sino estarás perdido'
Se separó bruscamente de él y lo miró. Se maldecía un millón de veces por olvidar la conversación que había tenido con su amigo. Disimuladamente se puso de pie y se acercó al baúl.
- ¿Cuál me enseñaras primero? - Kei lo miró de una forma que cualquiera pensaría que quería asesinarlo. Sin querer darse por vencido se le acercó abrazándolo por la espalda - no Kei, ya te pagué por adelantado ahora quiero mis clases.
- Eso solo fue un simple beso - se quejó soltándolo y haciendo gestos con los brazos.
- Pues no especificaste cual era el pago, solo me besaste - ambos se miraban molestos - bien si no quieres nadie te obliga, retomaré las clases en la escuela de música - se acercó a su bolso con intenciones de irse cuando la mano del mayor lo detuvo.
- Está bien, lo haré - Daiki sonrió para sus adentros y volvió al piano.
Las horas pasaban y Kei lo instruía en la partitura que trataba de tocar, reprochándole mil veces que debía coordinarse con los pedales. Y así se la pasaron, Daiki aguantando los momentos de malhumor de Kei. Por eso no le gustaba enseñar, no tenía paciencia con nadie y nunca la tuvo.
Quería un respiro. Kei era muy estricto con él y necesitaba refrescarse un poco para calmarse. Se encerró en el baño mojando su rostro para mirarse al espejo. Sonriéndole sin ganas a su reflejo.
Inoo estaba en la cocina tomando un poco de jugo cuando el sonido de una musiquita le llamó la atención. Deduciendo de donde provenía se acercó al sofá, mirando el bolso que se hallaba ahí. Miró hacia la dirección del baño esperando que Daiki no haya escuchado y fuese a salir, y abrió el bolso buscando su celular. Al encontrarlo lo miró sin inmutarse a leer el mensaje que le había llegado.
"Dai-chan a qué hora llegaras? En dónde estás? -3- ... estoy aburrido~ te necesito"
Atónito y sin saber cómo explicar cómo se sentía pensaba de quien sería el mensaje "Ryosuke" era el remitente, pero ¿quién demonios era?
Escuchó la puerta del baño abrirse, saliendo de el un Daiki con el cabello un poco mojado al igual que la camisa, dejando translucir su piel. Como deseaba volver a tocarlo y quitarle aquella prenda que solo molestaba.
- ¿Qué haces con mi celular? - dijo sacándolo de sus cavilaciones.
- ¿Quién es Ryosuke? - aquella pregunta lo sorprendió, se acercó para arrebatarle el celular pero Kei lo mantuvo en lo alto de su mano - ¿quién es? - pero no estaba dispuesto a responder - es... tu ¿novio?
- Eso no te interesa, no te metas en mi vida privada - molesto le dio un leve golpe en el estomago y le quitó el celular - gracias por las clases, nos vemos mañana.
Salió del departamento a paso rápido. Odiaba que se metieran en sus cosas. Mientras bajaba por el ascensor reviso el celular, leyó el último mensaje y recargó su cabeza en el muro. Lo había leído, había leído su mensaje. Suspiró frustrado y salió completamente del edificio sacando su ipod para tratar de no pensar en nada.
- Ryosuke... - sonrió con malicia - no será necesario escucharlo de tus labios, lo sabré de todas formas. Ay Daiki, por qué será que llamas tanto mi atención como para no querer alejarte y dejar de sentirme extraño.
No despegó la vista del piano, esperando que ese 'mañana' pronto llegara.
Como vi por ahí que algunas les cuesta manejar un poquito el blogger tenia hechos estos tutoriales en imagen -0- los había hecho para el Blogger Lala-TVXQ pero como los hice yo los comparto aquí por si a alguien le llega a servir.
○Como Crear un Blogger
○Como Publicar
○Tutorial para agregar Gatget
Titulo: Regalo Sorpresa
Autor: Irady
Pareja: JaeMin
Género: Slash, Lemon
Extensión: Oneshot
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Había sido un largo día de trabajo para Changmin. No era común para él tener que hacer algo sólo, sin sus demás compañeros, pero ya que estaban en Japón donde su popularidad era mayor, era perfectamente comprensible. Aunque no fue la gran cosa en realidad; una entrevista y algunas fotos, pero estaba cansado.
No cansado físicamente, esa no era la palabra, si no hastiado. Harto de la rutina. Siempre era la misma clase de preguntas las que le hacían. Una y otra vez en cada entrevista: ¿Qué esperas en el futuro? ¿Hay algo que quieras hacer ahora? ¿Tienes nova? ¿Qué tipo de chicas te gustan? Y un largo etcétera.
Sonrió ante la última pregunta pensando en las fans. Si supieran que a Shim Max Choikang Changmin (¿desde cuándo tenía tantos nombres?) le gustaban los chicos. Si supieran que tenía novio. Si supieran que ese novio es nada más y nada menos que Kim Hero YoungWoong Jaejoong. Si supieran que así era desde hacía tres años y medio.
Posiblemente las fans del “YunJae” querrían quemar la SME con todos ellos dentro.
Bostezando un poco, bajó de la van de la compañía, una vez que llegaron al edificio donde estaba su departamento, ése que compartía con cuatro de los chicos más deseados de toda Corea, por no decir de todo el mundo, pero eso para él sería demasiada arrogancia. Pero lo eran. Eran deseados, amados, envidiados y, por qué no, odiados por algunos.
Se paró frente al elevador del estacionamiento, y estaba a punto de presionar el botón cuando las puertas se abrieron, revelando a tres de sus hyungs saliendo de él. Changmin los miró extrañado.
—¿Y a dónde se supone que van ustedes? —preguntó.
Silencio.
Los tres chicos se miraban entre ellos, notoriamente nerviosos.
—Vamos a cenar fuera, ¿no es obvio? —respondió Junsu lentamente.
—Pero, ¿sólo ustedes tres? —replicó el menor—. ¿Y Jae?
Más silencio. Changmin juró que podía escuchar grillos en algún lado.
—Dijo que iba a esperarte y que después nos alcanzarían allá —respondió Yoochun al fin y los otros dos asintieron.
—Bueno, pues ya llegué —dijo Changmin señalando lo obvio y sacando su celular— Llamo a Jaejoong y le digo que baje.
Junsu lo detuvo sosteniendo su muñeca antes de que pudiera hacer cualquier cosa. Changmin lo miró con cara de “¿qué diablos te traes?”.
—¿Junsu?
Aún más silencio.
Changmin enarcó la ceja mirando al delfín, pero éste sólo atinaba a abrir y cerrar la boca sin que ningún sonido saliera de ella. Los dos mayores intercambiaban miradas nerviosas sin atreverse a intervenir. El pobre Junsu sentía que en cualquier momento se le presentaría una emergencia no muy honrosa en un adulto.
—Yo creo que deberías ir a verlo —dijo al fin Yunho, con el tono más serio y compuesto que pudo lograr—. Creo que esperarte era su pretexto para no salir. Lleva toda la tarde muy raro. Tal vez está enfermo.
La expresión de confusión y duda del menor se transformó en una de preocupación y miedo. Se soltó del agarre de Junsu, subió al elevador apresuradamente y presionó el botón de su piso. Estaba tan metido en sus pensamientos que no notó el suspiro de alivio que soltaron los otros tres chicos.
—Estuvo cerca —susurró Yoochun una vez que la puertas del elevador se cerraron.
—¿Jaejoong-ah?
No hubo respuesta. El departamento estaba a oscuras, pero Changmin ni siquiera parecía notarlo. Cerró la puerta y se quitó rápidamente los zapatos sin preocuparse por guardarlos, y fue directo a la habitación que compartía con el mayor de la casa.
Y tenía mucha razón al preocuparse. Jaejoong usualmente… No, nunca se quejaba cuando estaba enfermo, al punto en que los demás se enteraban hasta después. Si ahora prefería quedarse en casa en vez de salir, debía ser algo serio.
La vista que encontró Changmin al abrir por fin la puerta de su habitación lo dejó, literalmente, sin palabras y con la boca abierta, la cual sentía de golpe unas diez veces más seca que de costumbre.
La luz estaba apagada, pero había velas estratégicamente colocadas por toda la habitación permitiéndole distinguir bien. Un exquisito aroma a alguna flor que no reconocía y que flotaba en el ambiente inundó sus sentidos. Suave música de saxofón sonaba desde algún lugar. Pero no fue nada de eso lo que lo dejó en ese estado entre el shock y la lujuria.
—Bienvenido a casa, Changmin-ah.
Sobre la cama estaba Jaejoong, y no parecía enfermo para nada. Estaba sentado, apoyado sobre los codos, con las piernas separas y un poco flexionadas. Totalmente desnudo. Su cara era la representación perfecta del deseo. No había nada más ahora, sólo deseo. Changmin amaba eso.
—Oh. My. Fuck —fue todo lo que pudo articular al posar su vista en el erecto y enrojecido miembro del mayor. Changmin también amaba eso.
—Esa es la reacción que esperaba —dijo Jaejoong con una sonrisa de lado.
Changmin no atinaba ni a moverse. No podía formar un pensamiento coherente en esos momentos. De todo lo que era consciente era del increíble calor que se propagó como plaga por todo su cuerpo, especialmente entre las piernas. Ni siquiera podía recordar cuál era su nombre artístico… Estaba la “x” involucrada, ¿cierto?
Hmmm… ¿XXX?
Al ver que el menor no se movía, Jaejoong hizo un puchero inocente.
—¿No te gustó tu sorpresa o qué? —dijo con la voz más tierna de la que era capaz—. Bueno, supongo que esta noche seré sólo yo.
Dicho esto, el mayor comenzó masajear su ya dolorosa erección, poniendo especial cuidado en sus gemidos. Changmin era un ser auditivo y eso él lo sabía muy bien. Subía y bajaba su mano con una lentitud y cadencia que para él eran un poco insoportables dado su estado, pero sabía que a Changmin lo volvían loco.
La mente de Changmin comenzó a trabajar a mil por hora, intentando encontrar alguna razón del por qué Jaejoong hacía esto. Su cumpleaños no era. El de Jaejoong menos. No era el aniversario de su noviazgo, ni de su primer beso, o de su primera vez juntos. Entonces, ¿por qué?
Todo razonamiento huyó muy lejos de su mente cuando el mayor dejó escapar un gemido con su nombre. Maldiciéndose internamente por su torpeza comenzó a desvestirse apresuradamente, haciendo que algunos botones de su camisa saltaran en el proceso. Una vez que lo hubo hecho, prácticamente se lazó sobre Jaejoong en el mayor arrebato de pasión que había tenido.
Tal como lo pensó, Jaejoong estaba caliente, realmente caliente. Su piel ardía. Aunque no es que Changmin se quejara, claro que no. Aunque quisiera hacerlo, Jaejoong no le dejaba suficiente cordura ahora con los besos que le daba.
Gentilmente, a pesar del torrente de adrenalina instándole a ir más de prisa, Changmin separó las piernas de Jaejoong, situándose entre ellas y comenzando a mover las caderas causando una increíblemente deliciosa fricción entre sus miembros erectos. Jaejoong rompió el beso cuando ya no pudo detener los gemidos que luchaban por abrirse paso en su garganta. Estratégicamente colocó su boca cerca del oído del menor.
Changmin aprovechó el ángulo para succionar su cuello, dejando marcas que gritaban “sexo” por doquier. Jaejoong rodeó la cintura de Changmin con sus piernas y levantó la cadera, aumentando la superficie de fricción al máximo.
Changmin dejó de succionar, y con la lengua recorrió un húmedo camino bajando por el pecho del mayor, desviándose un poco para darles algo de atención a sus pezones, pero invariablemente bajando a donde Jaejoong quería que llegara. Changmin no se anduvo con rodeos y metió de golpe todo el miembro del mayor a su boca, comenzando a dar fuertes y firmes succiones.
Jaejoong perdió la poca cordura que pudo haberle quedado en ese momento. Su garganta dejaba escapar sonidos que hasta a él mismo le sorprendían.
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Jaejoong sonrió un poco por el pensamiento, pero no duró demasiado, porque Changmin comenzó a masajear sus testículos al mismo tiempo que seguía con las succiones en su endurecido miembro. El mayor realmente estaba perdiendo el juicio. Aferró sus manos a las sábanas tratando de encontrar algo de apoyo, tratando de soportar un poco más.
—Mírame, Jaejoong —dijo Changmin soltando el miembro del mayor.
Jaejoong gimió con fuerza y apretó las sábanas hasta que sus nudillos se pusieron blancos cuando volteó a ver al menor. Changmin lo miraba fijamente a los ojos y ahora su mano hacía el trabajo que había hecho su boca, pero aún repartía repentinas y esporádicas lamidas en la punta.
Un profundo gemido fue todo lo que el mayor dio de advertencia antes de que el orgasmo se apoderara de él, derramando toda su semilla en el rostro del menor, haciendo la vista más excitante que Jaejoong haya visto jamás.
Tomando a Changmin por los hombros, Jaejoong lo atrajo para besarlo con toda la pasión que demandaban sus deseos. Pudo probar un poco de su propio sabor en la boca de Changmin, lo que logró excitarlo de nuevo. Se recostó sobre la cama atrayendo al menor con él.
—Hazme el amor, Changmin —dijo mientras tomaba con la mano el excitado miembro del menor—. Quiero que me des duro y fuerte con esto.
Changmin no necesitó de más incentivos. Cuando intentó preparar a Jaejoong, se dio cuenta de que ya lo estaba. Volteó a ver al mayor quien sólo le sonrió con toda la inocente coquetería de la que era capaz, murmurando algo que sonó muy parecido a “tardabas mucho en llegar”, pero no podía estar realmente seguro de eso.
Sin más, Changmin penetró al mayor, pero lo hizo deliciosa y a la vez dolorosamente lento. Jaejoong solo gemía más con cada parte que el menor le obsequiaba, enterrándole un poco las uñas en la espalda.
Una vez completamente dentro, Changmin comenzó las embestidas a un ritmo que sabía que el mayor disfrutaba mucho, dándole a sus caderas el ritmo preciso para golpear aquel nudo de nervios que volvían loco al mayor. Sus cuerpos comenzaron a brillar por la leve capa de sudor que los cubría.
—Cha… mmhh… Chang… min… Aaah… Changmin… Minnie… ahhh… ¡Changmin!
Changmin aceleró sus movimientos, incapaz de resistirse a la sensualidad que destilaban los poros del mayor. Levantó la pierna derecha de Jaejoong y la pasó sobre su hombro del lado contrario, haciendo que Jaejoong girara levemente a la izquierda, y golpeó con mucha más fuerza aún dentro del mayor. El nuevo ángulo hizo que su miembro diera de lleno y totalmente contra la próstata de Jaejoong.
—¡¡¡Oh, Dios!!!
—Es “Changmin”, de hecho —respondió el menor entre gemidos con una sonrisa de lado—. Pero gracias por la comparación.
La risa de Jaejoong se perdió entre sus gemidos cuando Changmin aumentó aún más la fuerza de sus estocadas llevándolo al mismo cielo y de vuelta a la tierra. Los movimientos de Changmin se hicieron irregulares, salvajes. Llevando una mano hasta el miembro de Jaejoong comenzó a masturbarlo. Jaejoong sólo pudo morder la almohada por el placer.
Después de varios minutos en ese vaivén, Jaejoong sintió que no podía soportarlo más, pero por ningún motivo quería terminar solo.
—Conmigo —dijo el mayor entrecortadamente por los gemidos—. Vente… Ahhh… Vente conmigo a-ahora.
Changmin asintió mientras arremetía una y otra vez con la respiración acelerada. Jaejoong dejó caer la cabeza hacia atrás. De lo más profundo de su garganta salió un grito, a la vez que oleadas de fuego y descargas eléctricas recorrían su cuerpo por segunda vez. Y Changmin terminó al mismo tiempo, murmurando su nombre un millón de veces mientras su esencia se derramaba profundamente dentro de él.
Cuando pudo recuperarse un poco, Changmin salió lentamente del mayor, volviendo a bajar su pierna, pero no lo dejó acomodarse y se recostó detrás de él, abrazándolo por la espalda posesivamente. Jaejoong sonrió y cerró los ojos, cubriendo con sus brazos los del menor.
Durante un momento ninguno dijo nada, pero Changmin recordó lo que estaba pensando antes de dejarse llevar por Jaejoong en este juego de pasión.
—¿Ya me vas a decir qué celebramos? —preguntó.
—¿Qué no puede un chico preparar un regalo sorpresa para su novio sin motivo aparente? —le dijo Jaejoong.
—No respondas una pregunta con otra —dijo Changmin.
Jaejoong no le dijo nada más, así que Changmin volvió a sus pensamientos. Una sonrisa un poco burlesca apareció en su rostro cuando una idea le cruzó por la mente.
—Estuviste leyendo fanfiction de nuevo, ¿verdad? —preguntó. Jaejoong dejó escapar una risilla nerviosa.
—Sólo un poquito —respondió, pero cuando Changmin se rió fuertemente agregó—: ¡Oye! ¿Y cómo quieres que resista la tentación, eh? Esas bellezas están ahí, esperando por mí para llevarlas a la realidad. Además, ni te hagas, que te encanta.
—Tal vez —respondió el menor—. Aunque me parece que lo tuyo ya es patológico. Ya acabaste con el fandom coreano, y ahora estás con el extranjero. Te pones a leer cosas en casi cualquier idioma. ¿Cómo es que haces eso, eh?
—¿Sabías que en internet hay estas páginas donde ingresas un texto y lo traduce a cualquier idioma que tú quieras?
¿Quién dijo que sólo Changmin podía ser sarcástico? El menor sólo rodó los ojos y no dijo nada más. Mientras, Jaejoong recordó una página en particular. La que le llevó a hacer lo que hizo ahora. Por Dios que ese lugar tenía bastante que dar, así que se prometió volver alguna vez. Tenía que agradecerles luego… cuando aprendiera cómo hacerlo en ese idioma tan extraño.
—Supongo que también te deshiciste de los demás, ¿no? —preguntó Changmin. Jaejoong no respondió más que encogiéndose levemente de hombros, lo que para Changmin fue más elocuente que mil palabras—. Con razón estaban actuando tan extraño. ¿Qué les dijiste?
—Los amenacé con las fotos de mi celular —respondió el mayor y Changmin sonrió, dando un beso en la piel del cuello de Jaejoong que estaba a su alcance, pero no dijo nada más.
El silencio que siguió no fue para nada incómodo, al contrario. El cansancio de sus recientes “actividades” los fue venciendo poco a poco y casi al mismo tiempo. Antes de perder por completo la conciencia, Changmin escuchó a Jaejoong susurrar algo con la voz cargada de somnolencia.
—Feliz cumpleaños Denisse.
Pensando que había una muy buena razón para que el mayor dijera algo tan extraño, Changmin sólo lo abrazó más fuerte, sonriendo una última vez.
—Feliz cumpleaños Denisse —dijo también, antes de unirse a Jaejoong en sus sueños.
—————
N/A: Dedicado especialmente para ti, amiga!!!
Porque te lo mereces... por ir esparciendo el yaoi como si se tratara de una ETS hahahaha
Cuídate!!!
(o sea, para mi X'D la Yuuki)
T.Q.M!!!
Estoy bien X'D ya no se preocupen mas jajaja Gracias de todas formas. Woo nunca pensé que mi prima pondría un aviso en facebook de que estaba bien. No tenia luz por lo que no me podía comunicar con nadie, solo respondí un correo a Mymi y publique una entrada en Lala TVXQ para que supieran algo de mi. No alcance hacer mas porque la blackberry no era mía ._.
Se les quiere a todos~ y al bruto de mi hermano que tiene su celu sin recibir llamadas ¬¬ por la asd estaba mas preocupada por él.
Primer día
Los cinco hijos cuando recibieron aquellos regalos les preguntaron a sus padres el motivo de ellos pero ninguno de los dos respondió algo coherente, solo decían frases sin sentido y sonreían extraños. Sin más lo dejaron pasar hasta que una mañana inesperada Kei se despertó más temprano de lo habitual siendo día sábado, siempre era el último en levantarse los fines de semana ya que para el eran sagrados y podía holgazanear hasta que se cansara de estar en la cama. Aun con el pijama… bueno, si es que se le podía llamar pijama a un short; se dirigió a la cocina por un vaso de leche, mientras bebía después de llenar el vaso cerró la nevera encontrándose un papel sujeto a un imán con forma de gato en la puerta de esta.
“Nos fuimos de viaje, cuiden la casa y pórtense bien. No sabemos cuándo regresaremos. Los queremos. Con amor sus padres.”
Se quedó boquiabierto y de la sorpresa el vaso que sostenía en su mano cayó al piso rompiéndose al instante al dar con la baldosa. Aquel estruendoso ruido despertó a tres de sus hermanos que asustados bajaron de inmediato.
- ¿qué sucedió? – preguntó Kota que fue el primero en entrar a la cocina.
- Kei no destroces la loza, mamá se va a enojar – le dijo Yuto acercándose a él para también sacar la caja de leche.
- ¡cuidado, no des un paso más! – le advirtió Hikaru tomándolo del brazo para detenerlo.
Kei aun no reaccionaba y sus hermanos lo miraban preocupados pero ninguno sin acercarse debido a los vidrios esparcidos en el piso y porque estaban los tres descalzos.
El más alto de ellos entraba arrastrando las pantuflas de dormir mientras bostezaba tras despertar de un agradable sueño y dormir relajadamente toda la noche. Pasó al lado de sus hermanos pero no les tomó atención a ninguno y se acercó a la nevera haciendo a un lado los vidrios con sus pantuflas. Tomó la caja de leche y tomó de ella, pero algo no estaba bien, fue cuando se percató de que tres lo miraban y el cuarto no reaccionaba. Un papel en su mano le llamó la atención arrebatándoselo para saber que decía.
- nos fuimos de viaje, cuiden la casa y pórtense bien. No sabemos cuándo regresaremos. Los queremos. Con amor sus padres- ya entendían por qué del estado de Kei, preocupados comenzaron a caminar de un lado para otro – ¡posdata! – gritó Yuya para captar la atención de todos – si se sienten solos usen nuestros regalos de cumpleaños – con una mueca se miraron unos a otros.
- ¡esto es ridículo! – dijo Kei al por fin reaccionar tomando una silla para sentarse – ¿usar nuestros regalos? – el asco se reflejaba en su rostro de solo pensar en “jugar” con su gato.
Los cinco chicos después de limpiar aquel desastre y no decir comentario alguno se sentaron a la mesa para tomar sus desayunos, un rico cereal con leche mientras conversaban y pensaban lo que ocurría y ocurriría con ellos sin sus padres.
- ¡EY! – gritó Kota – ¡Yuto tu perro tomó mi peluche! – le regañó el mayor al otro poniéndose los dos de pie para quitárselo.
- ¡perro no te vayas ven acá! – le ordenó al verlo salir corriendo de la cocina con el peluche en el hocico y moviendo la cola de un lado para otro, feliz porque su amo jugaría con él.
- ¿aun no le pone nombre? – preguntó Yuya
- si, ya se lo puso y ese es – respondió Hikaru, el mayor no pudo evitar reír – ¿y qué haremos? – Hikaru jugaba con su cereal mientras lo miraba moverse sobre la leche.
- quedarnos como estamos, tómalo como unas vacaciones sin padres - sonrió por la idea el mayor – bien - dijo poniéndose de pie – a comenzar el día – abrió la nevera para buscar unas cuantas cosas.
- ¿qué harás? – Kei lo miró. En realidad no le desagradaba unos días sin sus padres pero tampoco le gustaba.
- alimentar a mi lindo conejito, tú deberías alimentar a tu gato, el pobre quedará desnutrido por no darle de comer.
- no me gusta – se quejó – mejor me hubieran dado un peluche como a ti Hikaru – dijo mirando a su otro hermano.
No se dijo más y Yuya subió hasta su habitación a ver a su mascota. Hikaru se quedó un rato con Kei pero como aun tenía sueño lo dejó solo para ir a tirarse a la cama y dormir.
Kota y Yuto por fin habían atrapado al perro en el jardín, por suerte no le había causado ningún daño y solo lo había tomado de seguro para jugar con el ya que el dueño nunca lo tomaba en cuenta. A decir verdad solo Yuya se preocupada de su mascota. Con la alergia que tenía Kei a los gatos ni ganas le daba de acercarse al suyo. Yuto nunca quiso un perro, tenía muchas cosas frágiles en su habitación las cuales más de una sufrió un accidente por dejar entrar al perro. Los otros dos mayores no se preocupaban ya que solo tenían peluches, nada que alimentar más que sus estómagos y Kota era el que siempre dormía abrazado de el.
Segundo día
Todos dormían en sus respectivas habitaciones tranquilamente sin saber que fuera de ellas pasaba algo… raro… el primero en despertarse fue Yuya que al no ver al conejito sobre su cama se asustó y lo buscó por todas partes, bajo la cama, los cajones, el ropero y su caja, pero no lo encontraba. Salió de la habitación pero era imposible que estuviera fuera ya que tenía la puerta cerrada. La ventana estaba muy alta para el conejito y la opción de que saltara estaba demasiado lejos. Bajó las escaleras preocupado casi histérico del miedo que le pasara algo.
En la cocina no estaba “quizás alguno lo sacó” pensó y volvió a subir para buscar en las habitaciones de sus hermanos. Primero Kota, sin despertarlo buscó pero nada. Segundo Yuto, tampoco estaba, su preocupación aumentaba con los segundos. Abrió la puerta de la habitación de Hikaru el cual dormía tranquilamente, no, no estaba tampoco. Si llegase a estar en la habitación de Kei el gato se lo habría comido. El cuerpo ya le tiritaba del miedo a ver algo ahí dentro que le destrozaría el corazón, abrió la puerta. Buscó, buscó y ¡NADA!
- ¡¡YURI!! YURI ¿¡¡DONDE TE METISTE!!? – estaba a punto de ponerse a llorar. Con tal grito despertó a todos, bajó hasta el living y su rostro se puso más pálido de lo normal. Ver al gato al lado de su adorable conejito lo desesperó y corriendo se acercó, tomando al conejito y dejándolo lejos del alcance del gato – ¡¿pretendías comértelo?! – le preguntó al gato que solo lo miraba.
- ¿por qué andas gritando como loco? – Kei entró al living observando a Yuya con el conejo en brazos, su gato a los pies de su hermano, el perro sobre un sofá, los peluches sobre la mesa de centro – ¿querías jugar con todos o qué? – le preguntó extrañado.
- de qué hablas, tu gato se quería comer a mi conejo, eso pasa porque no lo alimentas – molesto subió hasta su habitación. Kei aun no se creía lo de ver a todos los regalos de sus padres juntos.
- yaaaa… no se mueva ninguno de ustedes- dijo dando pasos hacia atrás sin dejar de mirarlos - no se muevan, ¿ok? – a penas cruzó el marco de la separación del living con el comedor salió corriendo cuesta arriba a esconderse en su habitación cerrando con el pestillo.
12:28 pm.
Ya todos estaban de pie pero Kei aun no salía de su habitación porque la idea de que los regalos de sus padres estuviesen reunidos en el living le asustaba, ¿cómo era que habían llegado hasta ahí? Yuya se dirigió a la cocina para tomar algo antes de irse encontrándose con tres de sus hermanos y muchas cosas sobre la mesa.
- ¿qué hacen? – les preguntó mientras abría la nevera y guardaba unas cuantas cosas en un pequeño bolsito.
- ayer mamá nos dejó almuerzo para dos días pero ¿hoy qué comeremos? Gracias al pozo sin fondo que tiene Kei nos quedamos sin comida para hoy – respondió el menor de los cinco.
- ah – dijo Yuya sin tomarles mucha atención.
- ¿y tú a dónde piensas ir? – Kota lo miró detenidamente, estaba muy arreglado.
- tengo una cita – les sonrió a los tres y caminó a la salida de la cocina
- ¿pero por qué llevas lechugas y zanahorias? -
- porque no pienso dejar a Yuri con ustedes. Menos con esas mascotas locas que hoy en la mañana casi se lo comen – y sin decir más desapareció con una pequeña jaula donde iba el conejito.
Mientras él caminaba en dirección a la parada de autobús los demás se quedaron en la cocina mirando los ingredientes para el almuerzo.
Muchas chicas se le quedaban mirando, su cabello rubio resaltaba mucho y su figura no quedaba atrás sobre todo con ese adorable conejito blanco que llevaba en la pequeña jaula. Al llegar al parque donde había quedado con la chica sacó al conejito para dejarlo un momento sobre sus piernas y estirara las patas como había dicho Yuya.
- que adorable – escuchó a su cita al lado de él. La chica se sentó a su lado y miró al conejito. Se saludaron y ahí se quedaron hablando un momento – ¿puedo tomarlo?
- no lo sé, nunca se deja tomar por alguien que no sea yo – le dijo preocupado al ver como la chica se acercaba para tomar al conejito en brazos – no, no lo hagas así espera – pero muy tarde, el conejito por una extraña razón la mordió. Por el susto la chica soltó al conejito dejándolo caer al suelo – ¡YURI! – gritó preocupado importándole muy poco el dedo de la chica – no tienes nada ¿verdad? ¿No te pasó nada?
- Yuya yo…
- está bien, no te preocupes no le pasó nada – ni siquiera la miró, más preocupado estaba por Yuri y acariciándolo lo volvió a dejar sobre sus piernas.
- pero a mi si me pasó algo y fue tu conejo el culpable – le mostró el dedo que sangraba pero Yuya no le tomó importancia – ¿no me dirás nada?
- te dije que no se dejaba tomar.
- ¿y si se me pega la rabia? – preguntó molesta.
- Yuri no tiene rabia. Y más preocupada deberías estar por el. No vaya a ser que se le pegue una infección por morderte – la chica muy molesta se puso de pie y se alejó, caminó lento esperando a que el mayor le dijese algo pero más concentrado estaba hablándole al conejo.
- ¡Yuya eres un idiota! – le gritó, pero hizo oídos sordos y se puso de pie caminando en dirección contraria – ¡YUYA! – lo llamaba pero el rubio no la tomó en cuenta.
En casa los cuatro chicos hacían asqueadas sobre la mesa. Yuto sin ninguna intención de seguir comiendo le acercó el plato al perro, pero este se alejó con solo olerlo.
- oye no desprecies lo que hice – le reprochó Hikaru aunque ni él quería comerse lo que tenía en el plato.
- no puedo mas – Kei alejó el plato y dejó caer su cabeza sobre la mesa – ¿por qué mejor no pedimos algo? esto no es comestible, ni el perro quiso comerlo.
- cómetelo y no reproches después de todo es tu culpa por dejarnos sin comida, mejor hubieras cocinado tú – Hikaru estaba un tanto molesto. Si no fuera por la gran idea de Yuto de ponerle “otros” ingredientes para que tuviera mejor sabor, lo que tenía en el plato no le parecería amenazador para su organismo.
Dos días alimentándose de las súper comidas especiales de Hikaru. Yuto ya no podía comer más o terminaría enfermando, le horrorizaba mirar el plato y esas sustancias extrañas, con solo observarlo se le quitaba el apetito.
El que decía que cocinar era fácil se desaparecía a la hora de comer. Era… el cuarto día y Yuya se volvía a llevar al conejito para pasear un rato y luego dejarlo en casa para irse a estudiar. Gracias a esa cita no tan agradable del otro día ya sabían que tenía un conejo y se le acercaban para hablar de el, ya que eso a Yuya parecía agradarle mucho más que una conversación de otro tema.
Una chica se le acercó mientras estaba con sus amigos.
- ¿es verdad que tienes un conejito? – le preguntó mirando de reojo a los demás. El rubio le respondió afirmativamente – ¿y podría conocerlo? – al mayor no le pareció mala la idea pero tampoco agradable, no quería que volviese a pasar lo mismo.
- no lo sé…
- oh… pero ¿podrías aceptar esto como regalo? – extendió su mano dejando apreciar un lindo colgante en forma de conejo – es para el celular, quizás no sea de tu gusto pero…
- ¡es perfecto! – le dijo tomándolo para mirarlo de más cerca – se parece a Yuri, ya me caíste bien, después de clases si quieres me esperas y vamos juntos a casa para que lo conozcas – estaba tan fascinado con el colgante que no estaba pensando muy bien todo lo que decía. La chica con gusto aceptó y se fue.
Solo había tenido una clase por lo que llegó temprano encontrándose con tremendo desastre. El menor de los hermanos tenía el uniforme de la escuela con lodo, tenía varias marcas de patas en la camisa.
- ¡estúpido perro! – le gritó al perro que se encontraba sobre el sofá moviendo la cola, peor de sucio que el propio dueño.
- pero que… - Kota acababa de bajar encontrándose con la misma escena- ¡Yuto! – gritó molesto, el menor lo miró asustado.
- ¡perro hizo todo! ¡Yo acabo de llegar! – se defendió con aquella excusa mientras lo señalaba con el dedo.
- me da igual, limpia todo este desastre, ¡el animal es tuyo!
Los recién llegados solo observaron, Yuya tomó la mano de la chica para dirigirse a las escaleras.
- estaré en mi habitación- les anunció a los dos que lo miraron sorprendidos por estar con una chica aunque no era nada extraño, pero sí que la llevara a casa.
Al entrar Yuya dejó su bolso sobre el escritorio y comenzó a buscar al conejo dando con el debajo de la cama. Lo tomó en brazos y se sentó en la cama. La chica estaba nerviosa, le indicó que se sentara y esta lo hizo.
- primero que nada, no lo tomes porque no se deja, no seas muy confiada porque a veces tiene mal carácter – le advirtió con un tono de voz amable para prevenir cualquier cosa.
Dejó al conejo sobre la cama y solito comenzó a acercarse a la chica. Se moría por poder tocarlo, de a poco fue acercando la mano pero el rubio la detuvo asustándola.
- te puede morder- le dijo con voz seductora acercándose mas a ella, estaba nerviosa y sonrojada. El rubio se le acercaba cada vez más al rostro.
- Yuya podrías… - pero justo cuando pretendía besarla Yuto entró interrumpiéndolos – olvídalo – rodó los ojos mientras cerraba la puerta.
- creo que es tarde – dijo la chica poniéndose de pie.
- si - respondió el alto, sin decir nada bajaron para dejarla afuera y despedirse.
La chica parecía querer decirle algo mas, le gustaba el mayor pero no se atrevía a decírselo, quería hacer y decir tantas cosas pero no se atrevía a nada. Su silencio comenzaba a incomodar a Yuya, si quería decirle algo para qué estar con rodeos o dejar pasar el tiempo.
- ¿quieres venir mañana? – le preguntó pensando que eso era lo que la chica deseaba, pero no era como si estuviera invitándola.
Ella sonrió tomando aquello como una invitación y con una sonrisa y rubor en sus mejillas asintió. Prefirió ir a dejarla a la parada del autobús ya que se estaba haciendo tarde y por lo linda que la consideraba podría pasarle algo en el camino y el no quería que le pasara nada de esas cosas horribles que pasaban por su mente. Cuando la vio subir al autobús la vio despedirse de él con un movimiento de mano, solo se limitó a sonreírle y dando media vuelta volvió a su casa.
De camino se fue pensando en Yuri, desde que se lo habían regalado le había tomado mucha atención y no podía dejarlo de lado. Incluso después de clases prefería no pasar a ninguna otra parte para verlo y contarle lo que hacía en el día. Lo que más le encantaba era dejarlo sobre su torso mientras le hacía cariño.
Tan concentrado estaba en subir a su habitación que en cosa de segundos ya se encontraba en el piso. Había lana de colores por todas partes y no podía divisar al culpable hasta que se puso de pie.
Kei que por fin dejó su habitación bajó para ir por algo a la nevera, pero vio al gato pasar jugando con una bola de lana y con fastidio salió tras el.
Miró molesto a Kei, él era el responsable de su mascota pero para que decirle algo si le entraba por un oído y le salía por el otro. Subió hasta su habitación bajo la atenta mirada de Kei. Había veces que a Kei le daba miedo su hermano pero no más que Yabu.
Como odiaba tener que encargarse del gato, los odiaba y nunca le gustaron. Miró por donde comenzar a recoger la lana pero todo era un lío. Hilos de colores por todos lados, se preguntaba como un gato podía causar tal desastre pero, mira que pensando en el justo lo divisó detrás del sofá, más bien solo una cosa peluda moverse. Lo más seguro es que el mismo se haya enredado solo de dar tantas vueltas. Mientras se acercaba a el pensaba en algún castigo. Encerrarlo en el cesto de la basura, tirarlo a la tina con agua. Ponerle cinta adhesiva a un costado para que caminara de lado o quizás meterlo a la lavadora sería más divertido.
Siempre pensaba cosas crueles pero no las podía hacer porque de solo tocarlo comenzaba a sentir comezón por todo el cuerpo y lo peor era cuando le picaban los ojos y la nariz.
Gateando se le acercó y con maldad tomó su cola apretándola tan fuerte para que sufriera, transmitiéndole todo el odio que le tenía por ser un animal con pelos.
- ¡¡NYAA!!! ¡¿ESTAS LOCO?! – su rostro palideció. Había una cosa con forma humana, orejas, cola y completamente desnudo con una bola de lana en las manos e hilos de la misma por todo el cuerpo – ¡suelta mi colita asesino! – le gritó el mismo chico mostrando sus pequeños colmillos – ¡estúpido Kei que me sueltes! – se tiró sobre él pero Kei no reaccionó.
Un pánico le recorrió por todo el cuerpo al verlo gruñir sobre su pecho. ¿Qué era? Tenía cola y orejas del mismo color del pelaje de su gato. Tenía colmillos chiquitos pero aterradores y ese collar color rojo con un cascabel colgando en el.
Por otro lado cuando Yuya entró a su habitación esta estaba completamente oscura, se iba a acercar al velador para encender la lámpara pero una silueta lo asustó, pero al mismo tiempo se relajó pensando que uno de sus hermanos quería asustarlo.
- Yuto ¿qué haces en mi habitación? – pero no obtuvo respuesta, vio algo sobre su cabeza moverse – ¿Yuto? – se acercó, ahora sí un poco asustado pero con plan de sacarlo a patadas de su habitación.
- no vuelvas a traer a esa chica – escuchó una voz dulce para nada de familiar.
- ¿qué? – preguntó sin pensar lo que decía, el shock lo tenía aturdido.
- ¡QUE NO VUELVAS A TRAER A ESA CHICA!
- Yu…– iba a encender la luz de su costado pero la puerta fue abierta causándole un gran golpe en la cabeza.
- ¡¡Yuya!! ¡¡El gato!! ¡¡El gato!! – era Kei que estaba como histérico tratando de decirle con gestos lo que había visto – ¡¡El gato!!
Los gritos se escuchaban por toda la casa pero Yuto no les tomaba atención mientras terminaba de secar al perro. No negaba que se había divertido bañándolo pero ahora le tocaba bañarse a él. No lo dejó salir del baño para que no volviese a hacer desastres y se quitó la ropa para meterse a la tina.
- aaahh~ esto sí es vida – dijo para sí cerrando los ojos mientras se hundía en el agua para sumergirse completamente no escuchando más que el ladrido del perro. Con el seño fruncido por no dejarlo disfrutar de su momento de relajación salió del agua – ¡ya cállate!
- pero es que me quiero bañar contigo – le dijo un chico al lado de la tina sujetando sus manos en ella mientras lo miraba feliz.
Yuya trataba de calmar a su hermano y recordó en ese instante al chico que estaba cerca de la ventana. Encendió la luz y miró en la misma dirección solo encontrando a su conejo en la cama mirándolos mientras movía sus orejas.
Un fuerte grito los asustó a todos. Yuya hizo a un lado bruscamente a Kei y corrió hasta el baño pero estaba con el pestillo.
- ¡¿YUTO?! – pero lo único que escuchaban eran los gritos de este. Con fuerza se fue contra la puerta junto con Hikaru que llegó en el mismo momento que ellos y tumbaron la puerta – ¡Yuto! – el chico se encontraba en un rincón de la tina cubriendo su rostro y el perro en otro rincón aparentemente asustado – ¿Yuto estás bien? – se acercó a su hermano pero este no hablaba. Lo sacó de la tina y se lo llevó hasta su habitación con los otros tres mayores detrás de él.
Se quedaron con él hasta que se tranquilizó. Hikaru le preparó un té pero con lo malo que era para las cosas culinarias Yuto prefirió un vaso de agua y no enfermarse con el té. Estaban en un completo silencio hasta que escucharon la puerta abrirse de a poco dejando ver la cabeza del perro. Yuto abrió los ojos y le tiró una almohada.
- ¡vete! ¡Aléjate de aquí! – ninguno hizo nada ya que era normal esas reacciones de Yuto con el perro.
- ¡yah! Yuto tranquilízate y dinos que te pasó – habló Kota que al igual que todos estaban preocupados y Yuto aun no hablaba, les había causado un gran susto a los tres pero por la mente de dos mayores aun pasaban aquellas imágenes.
- esa cosa – dijo señalando al perro con el dedo – estaba hablándome – Kota comenzó a reír junto con Hikaru. No podían creer las estupideces que se le ocurrían a su hermano para llamar la atención. Pero se callaron al no ver reacción en los otros dos mayores.
- no me digan que ustedes le creen – les dijo Hikaru con intenciones de volver a reír.
- no miento!! Meestababañandoyderepenteperroeraunchicoconorejasymehabloyme asusteycomencéagritarentoncesnosupemashastaqueentrarony.. – hablaba de corrido sin tomar ni un poco de aire.
- ya Yuto tranquilízate – calmándolo Yuya le pasó el vaso con agua.
- ¡el gato! – gritó Kei asustando a los demás – ¡el gato también! – Yuya lo miró recordando que hace unos momento el también estaba gritando como histérico.
- ya, ¿a ustedes qué les pasa? ¿Es que no tienen mejor cosa que inventarse? El que nuestros padres no estén les está afectando a ambos - Kota estaba un tanto molesto por la loca situación – seguiré estudiando - se puso de pie y salió en dirección a su habitación.
Hikaru les quería creer pero tal historia era tan loca como la que Yuto inventó cuando apenas tenía diez años, diciendo que había un ratón con alas en el lavaplatos cosa que no había sido tan cierta. El ratón había saltado al piso para correr después de que el menor lo encontrase.
Pensando en aquella historia se fue hasta su habitación dejando solo a los otros tres.
- ¿ya limpiaste el desastre que dejó tu gato? – preguntó Yuya para romper el silencio, Kei negó con la cabeza y soltando un suspiro se puso de pie tomándolo del brazo – ahora descansa y olvida lo que pasó hoy, quizás haya sido una mala jugada de tu imaginación – y sin decir más salió de la habitación con Kei arrastras.
Lo dejó y entró a la suya encendiendo la luz y mirando al conejo que parecía dormir sobre la cama. Se le acercó y lo miró unos instantes antes de quitarse la ropa y ponerse el pijama. Tomó al conejito y se recostó dejándolo a su lado.
La noche pasó tranquila para tres integrantes de la familia pero para Kei no había sido más que una tortura escuchar los maullidos del gato desde el jardín. Yuto no pegó pestaña pensando en lo que le había ocurrido. La mañana llegó y todos se alistaban para ir a clases. Ninguno pronunció palabra durante el desayuno.
Se fueron los cinco dejando la casa completamente sola y todo cerrado. Hikaru había olvidado uno de sus libros por lo que volvió corriendo y subió hasta su habitación. Buscó entre la torre de libros sobre el piso pero unas manos se deslizaron por su cuello y una legua rozó su lóbulo izquierdo causándole un escalofrió. Su corazón se aceleró y las manos le sudaban. Tragó saliva y poco a poco se fue volteando encontrándose una mirada profunda en un chico al cual desconocía. Tenía la piel blanca y unas extrañas marcas por todo el cuerpo.
- tú… ¿quién eres? – preguntó con miedo. El chico cargó las manos en su pecho para dejarlo recostado en el piso. Podía ver algo moverse en el término de su espalda baja.
- KE, I, TO – pronunció acercándose peligrosamente a sus labios.
Su celular sonó y miró en la dirección en que su bolso se encontraba, ya no sentía peso sobre su cuerpo. Aquel chico había desaparecido dejando en su lugar el peluche que sus padres le habían obsequiado en su pasado cumpleaños. No lo pensó dos veces, tomó el libro que necesitaba, dejó su peluche sobre el escritorio y se fue a clases.
El día transcurrió como todos los demás salvo que cada uno pensaba en los sucesos de la noche pasada y esa mañana. Kota fue el primero en llegar a casa tirándose cansado sobre la cama y tomando al osito de felpa para dormir unos minutos. Estaba tan cómodo soñando cosas fantasiosas hasta que escuchó una risita y algo removerse entre sus brazos. Movió los dedos sintiendo algo sedoso entre ellos. Le gustó la sensación así que volvió hacerlo escuchando otra risita. Fue abriendo los ojos poco a poco encontrándose son una sonrisa y mirada infantil.
- Kota – lo escuchó pronunciar su nombre. La piel del chico era tibia y pálida pero en su cabeza habían unas extrañas orejas blancas tan sedosas como su cabello. Las acarició y el chico se sonrojo y escondió la cabeza entre su cuello y hombro - no hagas eso – le dijo con timidez.
Deslumbrado se fue alejando del chico poco a poco para mirarlo a la cara. El chico le sonrió y lo abrazo entre risas. Pensando en la loca historia de Yuto sonrió no creyéndose lo que estaba sucediendo. Comenzó a reír junto con el chico que aun no lo soltaba ni parecía querer hacerlo.
- ¿cuál es tu nombre? – le preguntó sin miedo alguno.
- no lo sé – le respondió con sinceridad y mirada curiosa – ¿cuál es mi nombre? – lo pensó detenidamente sin saber cómo podría llamarse aquel chico. Recordó algo cuando le dieron su regalo y extendió su brazo para llegar al cajón del velador quedando sobre el chico que lo miró sonrojado.
Sin dejar de mirarlo abrió el cajón y metió la mano revolviendo todo lo que había ahí dentro. Tomó el primer papel que encontró y lo miró, era el que quería. Se incorporó quedando sentado sobre la cama y abrió el sobre para leer el último párrafo de la carta.
- Ryutaro – pronunció mirando al chico que sonrió ampliamente y lo volvió abrazar.
- ¡Ryutaro! – hizo énfasis en su nombre mientras hundía su cabeza en el pecho del mayor y movía las orejas
Continuará…
Por la asd X’D que capitulo más largo… supongo que de regalo por irme de vacas dejando una mierda de introducción. Es de locos pero es que no aguantaba las ganas de escribir algo así X’D
Mas de alguna se preguntaron porque a Hikaru y Kota les dieron peluches. Y la respuesta es que si les hubieran dado un tigre y oso de verdad ya estarían muertos X’D
Les gustó verdad? :’D si no entonces tírenme en vez de fruta podrida tírenme chocolates X’D
¡¡Los quiero!!





