¿Cuándo sería el día en que su hermano mayor aprendiera a no tomar sus cosas sin su permiso?
Antes de salir de casa, recordaba haber dejado el iPod en su bolso, para cuando llegó a la escuela y quiso escuchar música ya no estaba. Pensó que tal vez se había caído en el momento en que cerró el bolso, pero la idea de que Daiki lo haya tomado era más convincente.
Era una gran molestia cuando hacía ese tipo de cosas.
Caminó por ese patio al cual nunca había ingresado, adentrándose entre los pasillos del edificio, largos y amplios.
Si no fuese por el color de su uniforme, que distinguía entre los demás por ser de curso más bajo, quizás podría mezclarse entre los estudiantes mayores, por el simple hecho de tener una buena estatura.
No quería tomar en cuenta esas miradas que se posaban sobre él a medida que avanzaba. Para hacer las cosas peor, no sabía en dónde se encontraba el salón de su hermano, sólo se dejó guiar por sus pies que aceleraban el paso y el disgusto aumentaba con el.
Al doblar en dirección a las escaleras que lo conducirían al segundo piso, si no es por su buen reflejo casi hubiese chocado con el cuerpo de un estudiante mayor. Ese chico alto de cabello castaño oscuro lo miró sorprendido, uno por casi tropezarse con el, lo cual quizás a ambos los hubiese llevado al piso por lo rápido que caminaban. Segundo por darse cuenta que tan solo era un estudiante de nivel bajo, que para serlo era bastante alto. Y tercero, aquella mirada que el chico le dirigió, que no era más que una sin importancia.
Ryutaro no perdió más tiempo, apenas retrocedió lo suficiente para no tocar el cuerpo de aquel chico, se movió a un lado para subir las escaleras con apuro. Sin darse cuenta de la mirada algo molesta que le estaban dirigiendo, ni escuchar aquel suspiro.





