Ryutaro
La boda fue adelantada.
Ella era linda. Su largo vestido blanco lucía perfecto con su piel y los adornos de su cabello. En la iglesia no dejaba de admirar su belleza, ni cómo esas manos acariciaron suavemente su cuello antes de que unieran los labios. Esa argolla en su dedo relucía deslumbrante, tanto que ni las ovaciones la opacaban.
Su propia presencia fue silenciosa y oscura como una sombra. No sabía exactamente lo que sentía, solo que algo dolía en su pecho, ensombreciendo su mirada cuando les vio caminar de vuelta a la salida de la iglesia. En ningún momento su amo volteó a mirarle.
Y en la fiesta fue la última vez que le vio, siquiera recibió una despedida o un «espera por mí».





