Titulo: Forgirve me? (¿Me perdonas?)
Autor: \;O;/
Pareja: TakaChii
Género: Slash, (Lemon... ?)
Extensión: Twoshot
Nota: Secuela de Infidelities
Nota2: Gracias Ayaa por el Banner *^*
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Era un día en donde tendrían una de las tantas sesiones fotográficas para alguna revista. Cuando las estilistas les entregaron la ropa e hicieron los últimos arreglos para que lucieran lo suficientemente sexys. El fotógrafo los fue llamando de a uno.

Mientras le tomaban las fotos a Okamoto, los demás bromearon entre ellos, hasta que el turno de Okamoto terminó y continuó Chinen.

-¿Podrías abrirte la camisa? - mas que una petición fue una orden. Un poco cohibido desabotonaba la camisa botón por botón. Sabía que lo estaban observando y eso lo avergonzaba aun más.

Desde una de las esquinas Takaki miraba cada movimiento y lo lento que movía sus dedos mientras sacaba los botones de los ojales.

-Bien, ahora mira hacia acá - comenzó a fotografiarlo, pidiéndole que se pusiera de tal y tal manera. El rubio lo único que hacía era morderse el labio de solo mirar lo sexy que se veía vistiendo así, y con su camisa abierta mostrando esa piel clara que lo único que lo incitaba era a tocarla.

-Que sexy - escuchó a su costado. Daiki miraba a Yuri casi de la misma forma que lo hacía Yuya - se nota que le tienes unas ganas tremendas, con un cuerpo así quien no - se burló del más alto ganándose un golpe en la cabeza - ¡no hagas eso! ¡me despeinas! - se quejó alejándose de él.

-¿Por qué me lo maltratas? - llegó Kei abrazando posesivamente a Daiki de la cintura.

-Se molestó porque le dije la verdad - se quejó otra vez mostrándole un puchero al pelinegro, cargándose hacía atrás para sentir mas calor entre los brazos del mayor.

-¿Qué verdad? - Takaki los miró molesto y creyó dar con la respuesta - así que aun no te perdona por lo de Hirayama, ya a pasado tiempo desde que pasó eso. ¿Dejaras las cosas así? - pero Yuya no le respondió.

-¡Arioka! - lo llamó el fotógrafo al terminar con Chinen, pasando por su lado y cruzando miradas.

-Así provocas a cualquiera - le susurró Daiki causándole un sonrojo. Rápida y torpemente se abotonó la camisa. Cuando levantó la vista se topó con los penetrantes ojos de Yuya, quien no desvió la vista. Yuri con el seño fruncido siguió caminando para acercarse al grupito loco que aun no dejaban las bromas de lado.

-Creo que hoy si no se salva - escuchó a su lado. Kei se mordía el labio mientras miraba lujuriosamente a Daiki - definitivamente no se salva - suspiró cruzándose de brazos.

Dejando de lado a su compañero volvió la vista hacia atrás para buscar a Chinen. Se veía muy divertido con los demás. Los envidiaba porque a ellos si les sonreía.

***

Yuri miraba divertido a sus compañeros. Con momentos como estos se olvidaba de Takaki sin darse cuenta, solo volvía a la realidad cuando cruzaban miradas y el no hacía mas que fingir no haberlo visto. A Yuya le dolía la indiferencia del menor pero es que no sabía qué hacer para que lo perdonara. Llevaba mucho tiempo pensando una y otra vez en como disculparse, varias veces lo hizo ganando nada al respecto.

A medida que se iban desocupando unos tras otros Yuri prefirió ir a cambiarse, el ambiente estaba frío y su piel se erizaba causándole escalofríos. Caminó por el estudio dirigiéndose a los vestidores.

-¡Kei no hagas eso! – escuchó quejarse a uno de sus compañeros. Curioso asomó la cabeza y se dio cuenta que el que acababa de quejarse no era mas que Daiki que estaba contra la pared – ¡detente!

-Como si quisieras que me detuviera – el chico sin camisa que en ese momento le estaba dando la espalda era Kei que por ningún motivo deseaba dejar a Daiki, tomándolo del mentón para besarlo bruscamente.

Yuri se sonrojó sintiendo vergüenza por husmear, aunque no era la primera vez que los encontraba en situaciones como esta.

Volvió sus pasos para ir con los demás y hacer como si nada hubiese pasado pero, se detuvo a mirar como le tomaban las fotografías a Takaki, lucía realmente bien y sobre todo cuando levantaba el mentón y miraba hacia la cámara.

-¿Aun no lo perdonas? – sintió unos brazos alrededor de su cuello – ¿no crees que ya a sido mucho? Sé que aun le gustas, todos los saben – Ryosuke miraba en su misma dirección – sé lo que quieres – Yuri se sorprendió. ¿Realmente sabía lo que quería? ¿Realmente lo entendía? – sé que te es difícil esto – volvió hablar dejando escapar en ello un suspiro.

El menor sentía un poco de apoyo en sus palabras, entendía el porqué no podía olvidar todo y volver a lo de antes, como si no hubiese pasado nada. Estaba dispuesto a soltar todo su dolor pero Ryosuke abrió la boca antes, diciéndole algo que jamás imaginó.

-Sé muy bien que es muy difícil para ti aguantarte no tocar ese cuerpo, es que de solo mirarlo entiendo porqué te gusta tanto. A que disfrutabas cada vez que…

-¡Ryosuke! ¡Pero qué estas diciendo! – se soltó bruscamente de su abrazo y lo miró enojado.

Molesto volvió a los vestidores azotando la puerta, asustando a la pareja que estaba casi desnuda. Los dos congelados sin saber donde esconderse de la vergüenza que sentían. Yuri los miró de reojo y tomó sus cosas.

-No se preocupen por mi, ya me voy – y de la misma forma de fue.

Había sido una situación mas que incomoda pero es que no quería seguir ahí, mirando a Takaki, soportando las balbuceadas de Ryosuke y lo peor, sus sentimientos volviendo, revolviéndole todo por dentro, acelerándose su corazón como nunca –antes de terminar con Yuya- causándole molestias.

Quería demasiado a Yuya, si, lo sabía pero es que perdonar a una persona que lo había engañado costaba mucho, aun si la amaba. Tenía miedo, miedo a que volviera a hacer lo mismo y un tercer engaño no podría sobrellevarlo. Con una mano cubriendo su rostro se acercó a una de las chicas del staff, susurrándole que se sentía mal y quería irse, cosa que la chica aceptó pidiéndole que se cuidara.

Yuya después de estar hablando unas cuantas cosas con Ryosuke, cosas obvias se fijó en Yuri que salía con su bolso y sin cambiarse.

-¿No iras tras él? Te aseguro que si no vas ahora lo perderás – y sin pensarlo una vez más, corrió.


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Tiene segunda parte ._. se los prometo, es que ya llevo mucho tiempo sin publicar algo XD aun no escribo lo que viene pero lo haré. Se les quiere, comenten lindo.
Kiss.

Para Kota no era buena idea que el chico estuviese desnudo tanto tiempo, pero tampoco tenía que pasarle para vestirlo. Quizá la ropa de Yuto le quedaría bien solo por su figura, pero pantalones, no podía saber si Yuto era más alto o aquel "osito" lo era más. Pasaron minutos cuando por fin decidió buscar algo de ropa, pero algo se lo impedía y era que Ryutaro lo tenía abrazado. Era algo tonto pensar que su lista de preguntas lo hayan cansado, Ryutaro casi no hablaba y cuando no sabía que responderle solo lo miraba y en tan solo minutos que dejó de hacerle preguntas ya se había dormido. Quizá lo mejor ahora sería ponerle algo encima en vez de vestirlo.

Se soltó de sus brazos, lenta y delicadamente para no despertarlo. Es que su carita de niño era tan tierna, ni siquiera Yuto que era el menor se vio de esa manera cuando era un niño. Juzgando por sus largas piernas deducía que tendría casi la misma altura que su hermano.

Salió de la cama y buscó una frazada en su closet, sorpresivamente al voltearse no vio nada más que su peluche sobre la cama. Miró la frazada en sus manos pensando que ya no era necesaria y la dejó a los pies de la cama. Esto era algo que no tenía lógica. No le encontraba respuesta alguna a lo sucedido.
Tomó el peluche y lo miró detenidamente, girándolo, buscándole alguna reacción. Quizá si lo tiraba al aire reaccionaría y ese chico lindo volvería a aparecer. Lo hizo, pero no sucedió nada, otra vez no le quitaba los ojos de encima.

- es una locura – dejó su osito sobre la cama. Comenzaba a sentir hambre y recordando que en la alacena no había nada comestible y menos dulces. Decidió salir de compras, dejando solo al peluche sobre la cama el cual se movió cuando cerró la puerta de su habitación.


5:30 pm.

Al entrar se quedó boquiabierto, no podía estar sucediéndole otra vez lo mismo. Sentía unas inevitables ganas de estrangular a su perro. Una vez más había lodo y sus huellas por toda la alfombra, pero como podía haber lodo si nadie estaba en casa y por ende nadie había regado el jardín y abierto la puerta. Miles de pensamientos inundaron su mente, la imagen de aquel chico extraño aun no la olvidaba y como no hacerlo si casi le da un infarto cuando lo vio.

Con lo cansado que estaba ahora tendría que limpiar aquel desastre, pero primero que nada tenía que buscar al culpable, no era tarea difícil, solo tenía que seguir las huellas y lo hallaría.

Subió al segundo piso y caminó por el pasillo, cada que se adentraba más por el pasillo el sonido de aparentemente una melodía se hacía más fuerte. Continuó y pudo darse cuenta que alguien tarareaba una canción. Las huellas se dirigían al baño. Tragó saliva y con una sensación cercana al miedo se acercó más, las piernas le temblaban y un sudor frío comenzaba a desprender de su cuerpo. Con las manos húmedas del sudor tomó la perilla y la comenzó a girar con cuidado de no hacer ruido, pero lo que se encontraba ahí dentro ya no hacía ningún sonido. Entreabrió lentamente la puerta y antes de que sus ojos desviaran la mirada, pudo ver la mitad de un cuerpo desnudo a espaldas de la puerta, piel pálida y cabello oscuro.

La llegada de uno de sus hermanos lo había asustado y cuando volvió la mirada hacia el baño terminando de abrir la puerta por completo, algo peludo y en cuatro patas pasó por su lado haciéndolo retroceder.

~*~*

- ¡¿Yuto?! - gritó Kota al ver una vez más el desastre del año. Lo primero que vio Kota bajar por la escalera fue al perro y segundos después a su hermano.

A nadie le gusta que lo regañen, menos a Yuto que no siempre tiene la paciencia suficiente para escuchar los grandes sermones de Kota que podrían durar hasta media hora, al igual que los regaños de su madre. No se tomó la molestia de explicarle algo que no le creería y terminaría burlándose dejándolo como tonto otra vez.

~*~*

En la universidad Yuya tomaba apuntes de la clase, pero la melodía de un celular interrumpió al profesor. Siquiera lo miró, solo se levantó y salió del salón para contestar la llamada.

- ¡¡Yuya!! – con tal grito alejó el celular de su oído, era Hikaru.

- ¡no grites! ¿Qué es lo que quieres? –

- tengo que decirte algo importante, pero no puedo decírtelo por celular.

- ahora no puedo, estoy en clases y sabes que no me gusta saltarme las clases así que espera a que llegue a casa

- pero es importante, por favor veámonos ahora, he estado todo el día con esto en la garganta sin poder decírselo a alguien. ¡Me volveré loco!

- que no, ahora debo cortar, nos vemos en casa – y sin esperar a que Hikaru le diese una respuesta cortó. Debía de terminar el horario de clases y dando un corto suspiro entró a su salón ignorando al profesor que lo miraba molesto por interrumpir su clase. Miró su celular y el lindo adorno que colgaba de este. Las cosas que estaban pasando no tenían explicación.

Esas pocas palabra que escuchó en la noche no las podía olvidar y cómo hacerlo si todo había sido tan extraño, no cabía duda que algo como “mi conejo se convirtió en un chico” pudiera existir, no tenía explicación y que el supiera no vivía en un mundo de fantasías, pero lo curioso de todo era que no solo le había pasado a él. Yuto había dicho sandeces de que su perro, que un animal peludo y de cuatro patas se había convertido en un chico, Kei no estaba lejos de su idiotez, había dicho exactamente lo mismo a diferencia que era el gato.

La idea era loca y algo escalofriante. Caminar por tu propia casa como siempre lo haces y de la nada sale un ser extraño con forma humana era casi lo mismo que ver fantasmas.
La emoción que sintió al pensar que ese adorable conejito pudiese tener alguna forma humana le dio un poco de miedo, sobre todo después de que dos de sus hermanos reaccionaran como locos.

Aun así le intrigaba demasiado saber qué forma podría tener, si seguiría siendo lindo, si tendría esos ojos negros tan profundos que hipnotizaban. Las preguntas sobre su apariencia iban una tras otra. Ya tiempo para pensar tendría después.

~*~*~

Hikaru no hacía más que dar vueltas en círculos en la parada del autobús. Le urgía hablar con alguien lo de esa mañana. No sabía si había sido una mala pasada de su imaginación al envidiar la de sus hermanos o de verdad había pasado.

Pensaba cual de sus hermanos podría explicarle tal alucinación, estaba claro que ni Yuto ni Kei podrían hacerlo. Yuya lo había ignorado olímpicamente, solo le quedaba su hermano mayor y apenas subió al bus comenzó a pensar como le diría lo que vio.

~*~*~

Caminaba tranquilamente hacia las afuera de la institución. Un fuerte agarre lo hicieron detenerse, la misma chica del día anterior se encontraba frente a él mirándolo con una gran sonrisa, gesto que devolvió y juntos caminaron hasta la casa del mayor.



7:20 pm. Habitación de Kota.

- ¡te digo que es cierto! – Hikaru alzaba las manos exagerando en su dialogo, tratando de convencer al silencioso Kota que no hacía más que escucharlo y mirarlo – ese chico se me tiró encima – sus mejillas se enrojecieron al recordar que no vio más que piel y marcas, ropa… no recordaba haberlo visto con alguna prenda – y… y dijo que se llamaba Keito. Ay Kota dime que fue un mal sueño, una mala jugada de mi mente, que las tonterías que Yuto y Kei dijeron ayer me están afectando.

Pero Kota no hacía más que parpadear y mirar su rostro, quedando en un dilema si decirle a Hikaru que todo aquello había sido real o mentirle. El camino más fácil para que no llegase a la locura era mentirle y eso hizo.

- ay hermano, creo que te ha afectado demasiado lo que sucedió ayer, tranquilízate, de seguro te quedaste dormido en clases y soñaste eso. Aquí no sucedió nada, las locuras de Kei y Yuto nos sobrepasan a todos – Hikaru quedó tan tranquilo con sus palabras que dio un largo suspiro y lo abrazó.

- eres el más cuerdo en esta familia – y alejándose de su abrazo salió de la habitación de su hermano para entrar a la suya con una gran sonrisa, repitiéndose una y otra vez que nada había sucedido.

Cerró las cortinas de su cuarto y se sentó en el piso para ordenar la pila de libros para luego ponerse a estudiar.

-HI, KA, RU – su cuerpo se heló. Un par de brazos lo abrazaban del cuello desde atrás.

“Es mi imaginación, es mi imaginación” se repetía una y otra vez con los ojos fuertemente cerrados y las manos empuñadas a cada lado de su cuerpo.

Un peso extra se depositó sobre su regazo obligándolo abrir los ojos cuando algo húmedo se paseó por sus labios. Una vez más esa penetrante mirada estaba fija sobre la suya que en este momento no demostraba nada más que miedo.

- eres mío – ni siquiera le dio tiempo para gritar. Sus hombros fueron fuertemente apretados por un par de manos a cada lado de estos, su espalda contra el piso y su boca ocupada, presa de los labios del chico que no dejaba de besarlo con fiereza.

Y sin olvidar que algo suave y peludo se adentraba por debajo de su polera rozando su sensible piel.

~*~*

Yuya llegaba a casa junto con la chica. Saludaron a Yuto que yacía sobre el sofá mirando televisión para despejar la mente. No quiso dejarla subir hasta su habitación, prefería ir por su mascota y bajar con ella. La chica se quedó junto con Yuto al otro extremo del sofá mirando a todas direcciones, fijando en segundos su vista en el gran ventanal cerrado, donde a través de el se podía ver un lindo can de pelaje castaño y blanco mover la cola, como si esperase que le abrieran para poder entrar, pero Yuto solo lo ignoraba, ya harto trabajo le había dado tener que limpiar, su castigo hoy sería quedarse afuera toda la noche, como siempre.

~*~*

Al abrir la puerta siquiera tuvo posibilidad de encender la luz cuando fue halado y empujado contra la misma puerta después de ser cerraba y escucharse el “clic” del seguro.

- ¡te dije que no la volvieras a traer! Desde aquí siento su repugnante hedor – sentía un agarre en su camisa, y algo moverse entre la oscuridad frente a sus ojos – es que no sé qué pensó mamá al hacerme tu pareja, eres un infiel, ¡mucho peor que un gato! – un par de suaves golpecitos sobre su pecho después de esas palabras.

No cabía duda, que quien se encontraba frente a él no era ninguno de sus hermanos. Ya no lo soportaba mas, tomó lo que parecía ser la cintura de aquella criatura y se agachó unos cuantos centímetros para subir el liviano cuerpo a su hombro izquierdo, tomando con una de sus manos el par de piernas que se movían con desesperación.

- ¿pero qué haces?, ¡Yuya bájame! - dio tres pasos y llegó a la cama depositando el cuerpo sobre ella, tomando esas manos que golpearon su pecho cuando tuvieron la oportunidad.

Con dificultad al no poder soltarlo, sujetó sus delgadas muñecas con una de sus manos y rápidamente acercó la otra a la lámpara de la cómoda y la encendió, encontrando bajo su cuerpo a un chico de mejillas rosadas y largas orejas blancas mirándolo asustado y sorprendido.

Llegó la noche. Después de que los empleados volvieran de las repentinas compras arreglaron la habitación para Kei.

Cenaron juntos a excepción de Ryosuke que se encerró en su habitación, no quiso bajar pues no se sentía en condiciones de verle la cara a nadie. Luego de la realmente incomoda cena se fueron todos a dormir.

A la mañana siguiente Ryosuke fue el primero en levantarse arreglándose rápidamente para ir a meterse a la habitación de Yuto, el cual seguía durmiendo placida y tranquilamente. Se acercó a la cama con una sonrisa de oreja a oreja y se lanzó encima del cuerpo bajo esas blancas sábanas.

- ¡Quiero mis lecciones de esquís! – gritó despertando al menor – ¡Yuto levántate! – se sentó sobre sus caderas y comenzó a moverse de arriba hacia abajo sin ninguna mala intención - despierta~ - pero Yuto solo hacía caretas de disgusto, no había podido dormir muy bien y hace tan solo tres horas había logrado conciliar el sueño. El mayor al percatarse que Yuto no tenía ni la más mínima intención de despegar la cara de esa almohada descendió hasta llegar a su cuello, rozando su nariz por esa piel morena hasta llegar a su oído diciendo su nombre en un tono de voz completamente diferente.

- Primo es hora de… - Kei no completó la oración al ver en la extraña posición que se encontraba el chico lindo sobre las caderas de su primo, Ryosuke rápidamente se enderezó y miró en dirección a la puerta, por una extraña razón siempre le excitaba que lo encontraran en situaciones como estas – ¿Qué hacen? – preguntó el más alto caminando en la única dirección y sentándose a la orilla de la cama lo suficientemente cerca para abrazar a Ryosuke por la espalda y atraerlo a su cuerpo.

- Yuto no se quiere levantar – en ese momento se le ocurrió algo, hace tiempo no sentía esas inminentes ganas de jugar – dijo que hoy me enseñaría a esquiar – recargó más de su peso hacía atrás, siendo aun mas recibido por el cálido abrazo del pelinegro.

- Pero si yo te puedo enseñar, soy mucho mejor que mi primo en eso, te lo puedo demostrar – lo último lo dijo en un tono de picardía.

Yuto escuchaba atentamente todo lo que hablaban y ese tono de Ryosuke al hablarle a su primo, tono que no le daba buena espina. Al oír la invitación de Kei se reincorporó rápidamente asustando a Ryosuke que aun seguía sentado sobre su cadera.

- Ya me desperté, ¿contento? – dijo molesto. Ryosuke solo se quedó en silencio – ahora si me disculpan deseo vestirme y para eso necesito que los dos salgan de MI habitación.

- ¿Quieres que te ayude? – fue la voz de Ryosuke la que hizo esa propuesta, Yuto solo anarcó una ceja para luego rodar los ojos y tratar de salir debajo de ese par de piernas que aun lo aprisionaban.

- Gracias pero puedo hacerlo solo, ahora me gustaría que salieras de encima – Kei se levantó ayudando a Ryosuke a salir de la cama y arrastrándolo contra su voluntad fuera de la habitación, percatándose que Yuto al sentirse libre no lo volvió a mirar y tomó una toalla para meterse al baño.

Ambos esperaron a Yuto en el salón principal al lado de la chimenea, Kei extrañamente estaba en silencio mirando el fuego. Ryosuke miraba el reloj que colgaba de la pared queriendo apresurar el tiempo para que Yuto terminara luego de arreglarse.

- ¿Qué hay entre tú y mi primo? – Kei rompió el silencio posando ahora su fría mirada sobre Ryosuke que lo miró al escuchar esa pregunta.

- Nada – fue la respuesta que dio no tan convencido.

- ¿Nada? Entonces…

- Entonces nada, ¿acaso no sabes que a Yuto solo le gustan las chicas? Tenía una novia por si no lo sabías – al recordarlo se formó una sonrisa en su rostro.

- ¿Tenía? ¿Terminaron? – Ryosuke asintió con la cabeza – ¿por qué? – y ahí estaba en dilema, ¿cómo decírselo?

- Veras… ella, ella le fue infiel – y con esa extraña sonrisa Kei intuyó que Ryosuke tenía que ver en ese asunto – Yuto lo supo y terminaron, eso es todo.

- ¿Son buenos amigos?

- Amigos amigos no somos, pero podría decirse que si, nuestros padres lo son y ellos esperan que Yuto y yo lo seamos también.

- ¿Y tu lo quieres como un amigo? – se le acercó incomodando a Ryosuke.

- Yo…

- No sabía que hablaras tanto Ryosuke, menos sobre mi – Yuto apareció listo para salir – ¿estás listo? – preguntó refiriéndose a Ryosuke.

- Claro que estamos listos, solo te esperábamos – Kei tomó la mano del pelicastaño arrastrándolo hasta la entrada de la casa, tomando su chaqueta para ponérsela.

Ninguno de los dos menores quería que Inoo fuese con ellos, solo causaba más problemas, confundía las situaciones y lo único que quería Yamada era arreglar los problemas con Yuto.

Al llegar Ryosuke se puso los esquís al igual que los otros dos que a veces se daban miradas de… ¿odio? Al terminar comenzó a caminar extrañamente afirmándose de los bastones para no caer hasta llegar a un pequeño levantamiento de nieve.

- Lo primero que debes hacer es… - pero Kei se le adelantó dándole pequeños empujoncitos a Ryosuke desde la espalda y explicándole con una sonrisa como debía de hacerlo. Yuto estaba perdiendo la paciencia con la repentina llegada de ese primo que ni siquiera recordaba y peor se ponía cuando Ryosuke si le tomaba atención, pero solo lo hacía porque de verdad quería aprender.

Gracias a las enseñanzas de Kei pudo avanzar sin tambalearse ni abrir tanto las piernas, también aprendió a cómo detenerse y no chocar ni caer.

- ¡¡Yuto!! – gritó Ryosuke desde no muy lejos haciéndole señas al menor alzando las manos para que lo mirase.



Esa mañana Ryosuke se la pasó realmente bien, no le tomó mucha importancia a las miradas que le dedicaba Kei y la forma en que lo abrazaba pues solo se dedicaba a mirar a Yuto cuando le explicaba las cosas o cuando esquiaba, y uno de esos descuidos le causó una caída segura preocupando a los dos que se acercaron a ver que se encontrara bien, solo había sido un susto pues Ryosuke estaba más que bien.

- Me daré un baño – dijo Yuto a penas pisó el piso de su casa dirigiéndose directamente a su habitación, Ryosuke y Kei hicieron lo mismo, bueno, eso les hizo creer Ryosuke, desvió sus pasos hasta la cocina pillando ahí a unas de las sirvientas que hacia un rico pastel de fresas antojándosele.

Feliz de la vida se fue con su trozo de pastel por la casa, pasando por la habitación de su hermano, sin poder evitar esa curiosidad que se acumulaba mas y mas, acercándose a la puerta para saber si algo ocurría dentro de esa habitación pero nada, no se escuchaba nada y sin más caminó hasta la piscina templada de la casa sin poder creer aun que su ‘pequeño’ hermano ya haya tenido sexo y con otro chico.

Miró la piscina pensando en la locura del día anterior cuando descubrió a su hermano. Se dirigió al camerino y qué mejor que relajarse en una piscina de agua templada. Se quitó la ropa y se puso un short que deducía que era de Ryutaro. Tarareaba una canción dirigiéndose a la piscina tirándose en picada para sumergir todo su cuerpo en el agua y dejar que su cuerpo se relajase cayendo lentamente hasta el fondo con los ojos cerrados.

Podía soportar un miserable minuto sin aire, algo era algo, disfrutaría ese momento para no desperdiciarlo. Fue abriendo lentamente sus ojos acostumbrándolos al agua, desde ahí abajo todo se veía tranquilo, el agua tranquila y el silencio. Ni siquiera escuchaba el llamado de Yuto que buscándolo por toda la casa llegó hasta la piscina pero no había nadie ahí, se disponía a buscarlo en otros lados de la casa hasta que un ruido y burbujas salían desde el fondo de la piscina asustándolo un poco.

Ryosuke trataba de tranquilizarse pero el fuerte dolor en su estomago no se lo permitió y estaba perdiendo el aire al moverse tan brusco, quería ponerse de pie pero le era imposible. Su pecho se oprimía al no poder respirar.

Yuto se acercó a la piscina divisando a una persona debajo y sin pensarlo más se metió al agua. Un fuerte agarre en su brazo y cintura, y sintiendo una vez más el aire llegar a sus pulmones, respirando con dificultad al sentirse fuera del agua, abrazándose al cuello de Yuto sin saber que era él.

- ¿Estás bien? – preocupado y sin poder sacar a Ryosuke completamente del agua lo acorraló en una de las esquinas de la piscina para sostenerlo bien – ¿qué fue lo que pasó? – tomó su rostro para que lo mirase, aun no podía regular bien su respiración, su nariz dolía.

- Un calambre – respondió luego respirando con alivio acercándose de nueva cuenta al cuello de Yuto para sentirse más seguro.

Yuto agradecía que fuese en su presencia que Ryosuke tuviera el calambre y no después de que se fuese. Acariciaba su cabello pensando en una situación peor, ¿qué tal si se hubiese ahogado? No quería pensar más, eso era algo muy frustrante.

Separaron tan solo centímetros sus rostros para mirarse a los ojos y sin poder aguantarse más Ryosuke besó sus labios siendo inmediatamente correspondido. Ya ninguno quería sentirse lejos de esos labios porque cada que se besaban sentían una paz indescriptible, era Ryosuke el que más se sorprendía al sentirse tan obsesionado y que aumentara su temperatura corporal con unos simples intercambios de roces con la piel de Yuto.



Titulo: Take my Heart (Toma mi corazón)
Autor: Yuuki

Pareja: InooDai
Género: Romance, Lime O.ô y algo raro por ahí
Extensión: Serial
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Capitulo 1
Capitulo 2
Capitulo 3

Daiki despertó agitado. Nunca había tenido un sueño parecido. Tocó su pecho con algo de miedo y se incorporó en lo que fuera que estuviera recostado. El lugar estaba oscuro pero podía sentir algo suave rozar su piel y algo cálido a su lado. Recordando lo que 'quizás' había ocurrido con cuidado trató de salir de la cama. Sentía un gran dolor recorrerle el cuerpo. A su pesar no pudo ponerse de pie y solo se quedó sentado en la cama, las piernas le temblaban.

Después de lo sucedido estaba feliz pero ese sueño aun lo tenía asustado.

- uhmm - escuchó un gruñido y miró hacia atrás. Las sabanas se movían. Suponía que Inoo pronto despertaría, ese no era el problema, el problema era que no sabía si todo aquello había sucedido porque Inoo lo quisiera o el alcohol se le subió a la cabeza.

Volvió a la cama y se hizo el dormido. Minutos después Kei se despertó y miró el cuerpo a su lado. Su cabeza era un lio, un dolor punzante lo atacaba. Su vientre se sentía extraño e imágenes de la noche anterior iban y venían a su cabeza como una película mal filmada. Así mismo como estaba -desnudo- se puso de pie tocando su cabeza por el dolor y se encaminó hasta el baño, cerrando la puerta tras de sí para darse una ducha y quitarse eso que tenía pegado en el vientre.

Escuchó el agua correr y con esfuerzo se puso de pie para buscar su ropa. En la habitación no estaba así que fue al living, encontrándola desparramada en el piso. Estaba terminando de vestirse cuando escuchó unos pasos detrás de él.

- vete - siquiera se atrevió a mirar - que te largues! - ahora entendía, el alcohol había hecho reaccionar de esa manera a Inoo.

Por un lado no sé le hizo extraño pues pocas posibilidades habían de que de verdad sintiera algo por el.
Bajó la atenta mirada de Kei tomó sus cosas y salió del departamento escuchándose un fuerte portazo a sus espaldas.

A Kei no le cabía en la cabeza cómo pudo acostarse con un chico, un chico!, nunca se creyó homosexual hasta que el que pretendía ser su amigo lo engatusó para acostarse con el, bueno, las cosas no se dieron así pero para Kei así había sucedido.

Daiki no sabía si sentirse arrepentido o no. Le gustaba Kei, eso estabas más que claro, pero el tener ‘sexo’ con él no había estado bien. Si no fuera porque lo quería tanto no se hubiera dejado y que el alcohol estuviese recorriéndole el cuerpo le ayudó mas a que cediera a los placeres de la carne cuando sentía las manos del solista recorrerle el cuerpo de esa manera tan sensual que encendía ese deseo que no conocía.


Esos fueron los días más tormentosos para Arioka Daiki, en los cuales no sabía si volver para hablar las cosas con el pelinegro o nunca más aparecerse en su vida. Inoo Kei era un terco, no lo volvería a recibir en su departamento después de eso. Lo sabía perfectamente pues Inoo odiaba la homosexualidad y si lo aceptó a él fue solo porque Daiki le había comentado que tenía una novia igual de fanática que él por su música. Solo eran mentiras.

Inoo también pasó unos días tormentosos en los que se sentía demasiado observado cuando era invitado a algún programa y cantaba, sentía que las miradas que tenía sobre el lo juzgaban por haberse acostado con un chico, como si lo supieran y que entre el público estuviese Daiki mirándolo acusadoramente después de echarlo de esa manera tan fría de su departamento. Pero Daiki nunca mas volvió a aparecer en algún evento del cantante, solo lo miraba por televisión o escuchaba sus conciertos que pocas veces los transmitían por radio.

Podía estar horas escuchando su voz, pensando en lo que pensaría él ahora, si aun lo detestaba, porque eso pensaba. Que si ya se había olvidado de él con las dos semanas que pasaron.

“Imposible” pensó, pues para él lo era, por qué no lo sería para Inoo Kei?

Pero aun había algo en su cabeza, ese sueño tan extraño que había tenido, quizás se había relacionado con ese cuchillo cocinero que vio sobre el mesón de la cocina y esa carne congelada en la nevera, sin olvidar también esas películas de masacres que acostumbraba ver.

Un Mes? Tanto había pasado desde aquel encuentro? Era un infierno! Para Daiki lo era! Quería verlo aunque fuera desde lejos pero es que no se atrevía a aparecer en sus conciertos ni participar como público en los programas. Llevaba cinco días de verdadera angustia cuando comenzó a recibir llamados anónimos, contestaba pero desde el otro lado de la línea solo se escuchaba una respiración. Al igual que sentía que lo seguían, de camino al trabajo y de vuelta de este.

Esta noche era la peor, golpeaban la puerta sin cesar y él sin saber donde esconderse, las películas de terror le estaban haciendo efecto justo en esos momentos pensando en, qué le sucedería si bajaba? Esperó a que a aquella persona se aburriese de golpear, fue un suspiro de alivio cuando aquellos constantes golpes se detuvieron pero un sobresalto lo terminaron de botar de la cama cuando comenzaron de nuevo.


Vivía solo, pues sus padres casi nunca se encontraban y por ende debía de defenderse solo. Tomó una silla que fue lo primero con lo que tropezó. Se acercó lentamente a la puerta sintiendo esa angustia en su pecho que le decía ‘no abras’ una y otra vez.

-qui—quién? – tragó saliva y esperó la respuesta.

-con un demonio abre ya! – soltó la silla lo mas rápido que le dieron sus movimientos y le quitó todos aquellos seguros que le ponía a la puerta cuando se quedaba solo. Al abrirla una masa se fue contra el empujándolo para luego cerrar la puerta con un portazo.

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